Croquis mental sobre Cataluña

Dilatoria o no, la estrategia del Gobierno central de caramelizar con una ‘pregunta’ el paso previo al artículo 155 abunda en el lío creado por el discurso de Carles Puigdemont en el Parlament.

¿Qué pasó? (¿Qué pasa desde hace semanas?). Nadie parece saberlo a ciencia cierta, ni dentro ni fuera del procés (ERC dice que la independencia se proclamó; Catalá asegura que no; Rivera y Sánchez, que sí; la CUP pide que se haga cuanto antes; etc.).

¿Es todo real o postizo? Suponemos que el president y su círculo más cercano, al menos, lo tienen claro, pero mientras la luz aparece necesito deshacerme de este croquis mental.

La DUI o “No saben que sabemos que saben que lo sabemos”

1.- El artículo 4 de la Ley del Referéndum de Cataluña, aprobada por el Parlament el pasado 6 de septiembre, dice que si en la consulta hay (hubiera) más síes que noes, eso “implica la independencia”. O sea: que ha de declararse, que se declarará, porque se ha determinado, por parte de quien ha redactado la norma, que dicha consulta “es vinculante”.

2.- También reza que en los dos días siguientes a proclamarse oficialmente los resultados del 1-O (fue el 6-O), se celebrará (celebraría) una sesión ordinaria en el Parlament para “efectuar la declaración formal de independencia, sus efectos y acordar el inicio del procés”.

3.- Por tanto, en el momento en el que Puigdemont subió a la tribuna del Parlament, el martes 10 de octubre, los resultados del referéndum ‘implicaban’ (vinculante) la independencia, pero faltaba la “declaración formal”.

4.- El president ‘asumió el mandato’ de las urnas de que Cataluña “se convierta en un Estado independiente” (es decir, como jefe del Ejecutivo liderará e impulsará el proyecto dentro de sus funciones) y, en nombre del Govern y en el suyo propio, pidió a la Cámara (es decir, el legislativo, el que decide y da el visto bueno) que “suspenda (suspendiera) los efectos de la declaración de independencia”.

5.- En aquella sesión ordinaria no hubo declaración formal por parte del Parlament -ni del president, aunque algunos creen que sí-, ni ‘acuerdo’ de nadie para dar por iniciado el procés ni suspensión de ninguna declaración. Ni siquiera el pleno fue convocado para eso.

6.- La declaración formal, si no iba a haber votación (no está contemplada en la Ley del Referéndum), tendría que haberla leído, en todo caso, la presidenta Forcadell en nombre del Parlament. Varias cuestiones: 1) La Ley, es verdad, no especifica quién debe “efectuar la declaración”; 2) Si no hacía falta el Parlament, para qué convocar un pleno (aunque el Govern tampoco podría haber aprobado un decreto para esto, porque el Estatut sí dice expresamente que no puede hacerse en caso de reforma del Estatut); 3) Podría entenderse en la Ley del Referéndum que el pleno se convoca solo para escuchar al president; 4) Pero si una suspensión necesita del Parlament, ¿por qué una aprobación/declaración no?; 5) Un ‘acuerdo’, por otro lado, conlleva varios actores, es decir, al menos la Mesa sí tendría que haberse reunido y votado.

7.- Recurramos al reglamento de la Cámara. Las declaraciones -institucionales- del Parlament (“…el Parlament de Catalunya…celebrarà una sessió ordinària per a efectuar la declaració formal…”), según el artículo 166, son las “acordadas unánimemente por el presidente y por la Junta de Portavoces”. Se tienen que publicar en el Boletín Oficial del Parlament y “son leídas en sesión plenaria o en la comisión correspondiente…”.

8.- Por otro lado, el artículo 168 dice sobre las propuestas del Gobierno (“…el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda…”) que si este remite al Parlament una propuesta “con relación a la cual la ley exige que el Parlamento se pronuncie antes de la decisión administrativa”, la Mesa ordena su publicación y, oída la Junta de Portavoces, decide si debe ser tramitada por el Pleno o por una comisión legislativa.

9.- Sobre la adopción de acuerdos (“…i acordar l’inici del procés constituent.”), el reglamento dice en el artículo 89 que “el Parlamento debe hallarse reunido según lo establecido por el Reglamento, y con la asistencia de la mayoría absoluta de sus miembros.”. Y, a continuación, habla de votación.

10.- Un apunte, solo como ejemplo. En la ley nacional de 1980 de regulación de las distintas modalidades de referéndum, sobre la reforma de estatutos de autonomía, se dice: “El Estatuto se entenderá aprobado cuando obtenga en cada provincia mayoría de votos afirmativos de los válidamente emitidos…”. A continuación, la Constitución prevé que sea “elevado a las Cortes Generales” para su ratificación. Es decir, en este caso, tras el referéndum y a pesar de que, como es vinculante, si hay mayoría se da por “aprobado” (“implica la independencia”), aún se da la última palabra a los parlamentarios.

11.- Volvamos a la declaración. ¿Qué declaración? Pues el documento que se firmó, después del discurso y de las intervenciones de los portavoces, fuera del pleno y que, por tanto, no tiene una validez más allá que la de representar el compromiso de los grupos independentistas con el proceso que habían pedido suspender minutos antes (aunque sobre esta validez también hay discrepancias). Ese documento que no se leyó dentro del Hemiciclo y que declara la independencia. Evidentemente, el texto no incluye la suspensión; no procedería al ser una petición aparte y de naturaleza ulterior.

12.- Sobre la suspensión. Las dudas, en efecto, se disparan ahí. Si se piden suspender los efectos de una declaración que no se ha producido (Iceta, muy ágil, dixit), entonces esperamos que en algún momento (días, semanas) el Parlament declare formalmente la independencia con el documento ya firmado como base y después se vote la suspensión. ¿Tendría que convocarse otro pleno (ver apartado 8) o reunirse la Mesa? ¿Cuándo? (Los días 18 y 19, por cierto, hay prevista sesión plenaria en el calendario).

13.- Al mismo tiempo, al no haberse producido una declaración formal, es posible que Puigdemont se refiriera con ‘los efectos de la declaración’ al puro carácter vinculante de la consulta (ver apartado 10), es decir: ha salido el sí y eso implica la independencia, pero os pido que todo lo previsto para después quede en suspenso. O sea: suspensión a priori, no a posteriori, aunque la palabra “efectos” implique un después y no un antes. Esta es la opción más probable, teniendo en cuenta que el Parlament no ha dicho ni palabra desde entonces.

El requerimiento soft o “entre comillas”:

14.- El Gobierno ha dado el primer paso para aplicar el 155 de la Constitución. Ha mandado un requerimiento a Puigdemont, como contempla el artículo.

15.- Pero no lo ha activado aún y lo reconoce: “…es deber del Gobierno de la Nación… proceder a activar la aplicación del procedimiento para la aplicación del artículo 155 de la Constitución en caso de que no se atienda este último requerimiento…”.

16.- El requerimiento, como tal, se coloca en segundo plano (es un requerimiento, digamos, no al uso y en dos pasos) tras una aclaración decisiva que el Gobierno demanda a Puigdemont y que resulta igual de confusa que la declaración del president en el Parlament.

17.- Dice el documento: “Si dichas actuaciones… son consideradas por el Presidente de la Generalidad constitutivas de la declaración de independencia de Cataluña esté o no en vigor…”. Un momento. ¿”Esté o no” en vigor? ¿Está o no en vigor? Es decir, si la independencia no está en vigor pero Puigdemont contesta al Gobierno que sí, ¿solo eso valdría para activar el 155? ¿No habría que determinar antes si lo está o no? ¿Lo está? ¿No sería eso reconocer que el ‘no referéndum’ habría sido válido y vinculante? ( Ver 21).

18.- Si se hubiera declarado la independencia… ¿no habría entrado en vigor la Ley de Transitoriedad? ¿No sería esta ya la “norma suprema”? Y, teniendo en cuenta que esta Ley fue suspendida por el TC, ¿de qué serviría haber declarado algo si no entra en vigor nada? Lo dijo al día siguiente el TSJ, “ninguna declaración” tiene valor jurídico.

19.- Las medidas a llevar a cabo por el Gobierno si se activa el 155, mediante la participación del Senado, tampoco se detallan. Es más, la vicepresidenta del Gobierno rechazó hablar de ellas el pasado viernes tras el Consejo de Ministros. El artículo, como muchos de la Constitución -recordemos la abdicación-, es sucinto.

20.- Hay otra cosa que no quiso contestar. ¿Y si el president dice al Gobierno que declaró la independencia pero después la suspendió?, le preguntaron. ¿Activarían el 155? La pregunta tiene un error de base, porque el president no suspendió nada, sino que lo pidió. El texto del requerimiento, en cualquier caso, es más claro que SSS: 1) “…la ausencia de contestación y/o cualquier contestación distinta a una simple respuesta afirmativa o negativa se considerará confirmación…”. O sí o no, eso quieren. 2) “…esté en vigor o no.”. Aquí está. Supongamos que la declaró y la suspendió. Para el Gobierno sí se habría declarado, sin importar que después se suspendiera y que, por lo tanto, no estuviera en vigor.

21.- Ojo, que el Gobierno llama “actuaciones extraparlamentarias” a la firma del documento de declaración de independencia. Reconoce, por tanto, que se produjo fuera de pleno.

22.- Es interesante lo que apunta el periodista Pedro Vallín. ¿Ha habido realmente tras el 1-O algún acto jurídico que suponga desobediencia a las resoluciones del TC? ¿Tendría que haber actuado el Gobierno antes? ¿Caducó el “momento procesal”?

23.- Esto del abogado David Maeztu también es interesante. ¿Y los jueces?

Todo ha sido suspendido o el “país de fantasía”:

24.- El carácter vinculante del referéndum responde a una decisión unilateral.

25.- El Tribunal Constitucional suspendió cautelarmente en julio la reforma del reglamento del Parlament que permitía la aprobación por lectura única de las leyes del Referéndum y de Transitoriedad. Anuló, el 20 de septiembre, los acuerdos de la Mesa del Parlament de los días 6 y 7 de septiembre que permitieron tramitar la aprobación de dichas leyes. Antes de eso, había suspendido cautelarmente las mismas leyes. Suspendió también la convocatoria del pleno del 9-O en el que Puigdemont se disponía a valorar los resultados del 1-O.

26.- Se convocó un nuevo pleno para el día siguiente, 10 de octubre, que no se suspendió. El motivo de la convocatoria fue hablar de ‘la situación política actual´.

27.- Los miembros de la Sindicatura Electoral -órgano cuya creación establecía la Ley del Referéndum para controlar la consulta-, el número dos de Oriol Junqueras, Josep María Jové, y una responsable de la administración electoral, Montserrat Vidal, fueron multados por el TC. Al día siguiente, 22-S, todos los síndicos dimitieron y Jové fue cesado.

28.- O sea, la Sindicatura Electoral, tal y como mandaba la Ley del Referéndum, no fue quien proclamó los resultados. Lo hizo, directamente, la Generalitat.

29.- La Junta Electoral Central dijo en una nota que los resultados del 1-O no tenían validez y que ese día no se celebró ningún referéndum. Hay que recordar que el propio presidente del Gobierno dijo el mismo 1-O que todo había sido una “mera escenificación”.

30.- El Parlament ha decidido personarse en los procedimientos abiertos en el TC contra las leyes del Referéndum y Transitoriedad y contra la designación de los miembros de la Sindicatura, pero también ha decidido no formular alegaciones.

31.- Si no tienen validez las leyes de desconexión, ni los acuerdos del Parlament, ni el referéndum, ni sus resultados, ni hay Sindicatura Electoral… si, como consecuencia, no es posible declarar la independencia ni dejarla en suspenso, aunque no se hiciera… si el requerimiento del Gobierno se basa en cosas que no se han hecho… ¿WTF?

Otras consideraciones o “acción y reacción”:

32.- El lunes 16, día en el que Puigdemont debe contestar a ‘la pregunta’, vuelven a declarar por sedición el mayor de los Mossos y los presidentes de la ANC y de Òmnium en la Audiencia Nacional.

33.- ¿Qué fue de la causa del TSJ de Cataluña por desobediencia, malversación y prevaricación contra Puigdemont y el Govern? Por otro lado, no parece que una acusación contra el president por rebelión salga adelante de forma paralela y en otro tribunal.

Todo esto es una reflexión incompleta y nada más.

Yippee-ki-yay.

 

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Con gafas negras

Ahí estaba yo. Con mi cara de pensar y algún kilo de más. Aquella camiseta ya no existe; las gafas, las más grandes que he tenido nunca, tampoco. Eran estas últimas perfectas para el camuflaje, o eso pense al ver las cámaras enfocando a la fila de personas en la que me encontraba, pero resultó que en un plano sostenido de agencia servían muy bien para enseñar tristeza. A ver, algo de nostalgia había, pero era una cuestión platónica y secundaria, ya que mi misión era puramente laboral. Las televisiones replicaron aquello y yo no pude hacer nada más que explicar a la gente que me llamó que había ido a cubrir la capilla ardiente de Antonio Vega. Lo que no sabían es que un año y poco antes había hablado con él un rato. “Paso más tiempo dentro de mí mismo que fuera”, me dijo. Lo entrevisté junto a su primo, Nacho García Vega, por aquel Tour 80-08. Reiniciando, algo breve y promocional. Melenón y cara consumida, sin pestañeo en las preguntas y con argumentos en las respuestas. No soy mitómana, nada de nada, pero ahí pedí una firma contraviniendo mis propias creencias. Esto ha ocurrido tres veces en mi vida: las otras dos, creo recordar, con Iñaki Gabilondo y Gomaespuma. Me acuerdo perfectamente de la habitación del hotel de Las Letras y de la foto en la ventana, hecha por Jorge París. Me habría quedado un lustro. En todo eso pensaba en la cola para entrar en la sede de la SGAE, donde fue la capilla ardiente. Después vinieron las palabras de José Ángel. Hoy se cumplen seis años de la muerte del cantante y compositor madrileño. Y de paso, apostillo a Héctor.

El señor de Oviedo

“Pues va a tener usted razón”, asumí. El hombre sonreía a mi lado mientras apuntaba en una libreta dos números, uno encima del otro. Eran los kilómetros por hora del tren. Una era la velocidad normal, la esperada; la otra, la máxima. 249, creo. Entendía de maquinas un rato, aunque fuera la primera vez que montaba en esa. Así que clavó la cifra y se lo alabé. Sonreía.

Le había tocado sentarse conmigo, una extraña. Los otros cuatro que lo acompañaban, un hombre y tres mujeres, hablaban sin parar una fila más allá, enseñándose fotos en un móvil y comentando el paisaje en cuatro asientos enfrentados. Él se había excluido sin discusión posible, cediéndole la charla a su esposa. No parecía incómodo por la situación.

Guardó de nuevo la libreta y el bolígrafo en el bolsillo de su camisa. Se dirigían a una boda en Oropesa. “A mi me da igual, yo voy por compromiso”, me soltó. Su fascinación por la capacidad del tren tenía una cara oculta: él había propuesto coger un avión, pero “ellas” habían decidido que no. “Yo no mando”, reconocía con la mirada. Si se lo hubiera pedido, se habría bajado conmigo en Madrid.

Me contó que estaba jubilado y que había trabajado 40 años en una mina, de vigilante. Intenté buscar en su rostro los efectos de aquello; pero nada. Yo, que tenía un auricular colgando de mi oreja izquierda, dejé el otro descansando sobre mi hombro, entre responsable y curiosa por la conversación. El señor, de Oviedo, intentaba cubrirse los pies helados por el aire acondicionado.

Estaba acostumbrado al frío, aunque todos los noviembres volviese desde El Bierzo a Asturias para pasar el invierno. Tenía descendencia en Madrid, reveló. Todo galantería, se disculpó por utilizar el brazo compartido del asiento más tiempo del necesario justo antes del parte informativo: “Eso debe ser Guadarrama”. Se le veía aliviado a pesar de las más de tres horas que tenía por delante.

Sentí de repente un toque en la mano. La esposa, desde la fila más allá, había abierto su bolso y sacado un puñado de caramelos. Yo decliné la oferta con toda mi amabilidad disponible, pero él tomó entonces la iniciativa con un “venga, son de café”. Acepté, “para después de cenar”. Quedó conforme. Y yo.

Navidad, dulce Navidad

Aún no ha sido siquiera imputado el duque de Palma y si no le declaran culpable de algo esto va a ser el acabose. Se ve venir. Cuantas más portadas le dedica El Mundo a Urdangarin, más le dedica La Razón al rey. Parece que estén compitiendo, lanzándose órdagos. En cualquer caso, tanto suegro como yerno habrán de hacer algo pronto con sus respectivas imágenes para recuperar la gracia de aquellos que desde sus casas observan el culebrón. Cambiar de jefe de prensa, cambiar de bufete de abogados o cambiar de familia. Quién sabe.

Me atrevo a decir que el discurso de Nochebuena tendrá ya no un share de escándalo, sino una audiencia futbolera. Esta vez no habrá zapeo. Y aún diría más, el tema será TT, FB y todo aquello susceptible de convertirse en noticia al día siguiente. Habrá análisis sesudos, trolls de moda (de los de toda la vida), guiños esperados y no satisfechos y neutralidad en el escenario. Es decir, un mensaje grabado con contenido previsible y supuestas señales subliminales ocultas acaparará nuestra atención. Vamos, nada nuevo en televisión. A menos que las últimas fusiones nos deparen sorpresas extrañas.

Con un ojo en el aparato y otro en el jamón estarán a esa hora los ministrados celebrando el ascenso, a menos que Rajoy prefiera las ascuas a coindidir con la Lotería, que todo es una posibilidad en esta vida. Resuelto, eso sí, dejará el debate de investidura con alguna nueva que deje (obligatoriamente) en el pasado las condecoraciones, los indultos y el resto de remates con exceso del anterior Gobierno. El Ángel del Señor anunció a María. Y concibió por obra del Espíritu Santo. Mientras en Europa siguen concibiendo, aquí hacemos lo que podemos, oiga.

Dios tiene mejores cosas que hacer, entre encontrar su partícula y velar por lo que ocurre en Egipto, Siria, Bahrein y demás, ya que nadie lo hace, sea por (falta de) interés o sentido común. Time eligió bien su última portada, muy a pesar de los fans de Steve Jobs que, también muy a su pesar, venderá como nunca esta Navidad. ¿Será el de Apple el primer anuncio de 2012? ¿Llevarán ciertas empresas el visaje indignado al clímax de la publicidad? Sin saber nada aún, deberíamos estar hablando ya del primer tuit patrocinado del año.

Propongo una marca de cava y una foto de instagram

Subidón, subidón

El Consejo de Ministros debería tener un Black Friday. Digamos, el día después del Debate del Estado de la Nación. Para aprobar todos esos reglamentos pendientes que nunca viene bien abordar (a pesar de estar pactados), con un 50 % de descuento y la atención mediática puesta en otro sitio. Estaría bien que ese día el portavoz gubernamental de turno hiciera un dos por uno en declaraciones, por el mismo precio. “No me ha preguntado usted sobre eso, pero yo le voy a explicar por qué ha habido diferencias irreconciliables en la deliberación de esta reunión”. Las rebajas, me temo, no llegarán a la mesa. De hecho, tiene pinta de que toda la estancia vaya a sufrir el severo toque de la austeridad: muebles (des)montables, bics en lugar de estilográficas, cuadros indescifrables donados por el autor, etc. Tiempos duros.

No obstante, creo que desde que Bryan Ferry se viste en cierta cadena de ropa la prima de riesgo se ha relajado. Los ojos claros anestesian, Merkel bien lo sabe. Muy sola se está quedando en el enroque fiscal, mirando desde arriba a los que somos bajitos. Esta será, de nuevo, una semana crucial para Europa (y van…). Los que mandan hablan de “refundación”, lo mismo que algunos piden para la SGAE y otros para el PSOE. Esperemos que refundarse no signifique cambiar de funda: el miraguano será el mismo y no habrá nada que hacer. Eso esperamos también de cierto grupo parlamentario nonato. Otra mesa, la del Congreso, tiene un papelón en los próximos días con la flexibilidad y sus nudos. Por mucho que les pese a UPyD y a Pons, las normas son iguales para todos una vez que te han dejado jugar.

El (supuesto y muy condicional) arbitrio sienta precedentes que pueden en el futuro generar consecuencias no deseadas. Lo mismo te encuentras después con una cabalgata indignada en la calle o una protesta de los llamados tuiteros (¿dice alguien facebookeros?). Siempre, eso sí, después de una semana, simulacro de la Navidad, en la que los días festivos nos harán desear que no haya mañana. Mañana, tras las lágrimas de una ministra cualquiera, puede que el SMI sea de 0,75 euros y las putas y los periodistas compartan posts y más. Subidón, subidón.

Lemas para chapas (II): Wikileaks

#cablegate

Pues sí. Yo leí los cables; no todos, pero sí muchos. Y creo que, aunque nos llegaran después que a los cinco (periódicos) elegidos por Wikileaks, fue una oportunidad única. “Por un golpe de suerte hemos tenido acceso a los papeles”, dijo Arsenio Escolar el pasado mes de enero en una reunión a la que fuimos convocadas diez personas. El diario noruego Aftenposten, también del grupo Schibsted, se hizo con los telegramas gracias a una “filtración de la filtración” (así se nos dijo) y nos los cedió. Esto no gustó demasiado a Julian Assange, porque no podía meter mano en el sistema de publicación de contenidos; nuestros colegas decidieron por su cuenta cómo, cuándo y de qué manera difundirían las informaciones tras haber trabajado en ellas. Fue un reglamento auto impuesto que nos exigieron seguir también a nosotros. Muy estricto, por cierto.

Las gestiones, in situ, las llevó Virginia Pérez Alonso, directora adjunta de 20minutos.es. Se fue a Oslo en cuanto vio hervir el agua. Allí estuvo unos días escrutándolo todo, haciendo una labor concienzuda de criba y esquema que nos facilitó mucho el trabajo a los que después tuvimos que rascar. Tenía que ir a la sede del diario noruego para estudiar todo el material, ya que no le estaba permitido sacarlo de allí bajo ningún concepto. Los controles, exhaustivos, le impedían llevar su propio ordenador o cualquier aparato de almacenamiento de datos. Tomó muchas notas. Cuando llegó a España con los papeles, guardados con todas las precauciones, puso a los desarrolladores de nuestra web a elaborar una base de datos para clasificar y poder hacer búsquedas por fechas, palabras, etiquetas y varios criterios más. Mientras tanto, empezamos a leer.

En la redacción (que acoge a 20 minutos y 20minutos.es) nadie sabía nada. Tras la reunión mencionada, el equipo de soporte comenzó a preparar una sala a la que solo podría pasar gente autorizada. Era, con cariño, el ‘mini bunker’. Nosotros somos los que somos y no tenemos infraestructuras colosales, pero el protocolo sí podemos cumplirlo. Para entrar había dos llaves; en el interior, varios ordenadores con red independiente de la del resto de trabajadores. También una caja fuerte. La rutina era la siguiente: pedir la llave, entrar, cerrar; abrir la caja fuerte, sacar el material necesario; teclear la contraseña del sistema y empezar. La base de datos también tenía contraseña. La habitación no tenía teléfono, los ordenadores no admitían conexión a Internet -se nos habilitó una forma alternativa para poder navegar- ni un triste CD de música. Mi escritorio virtual mostraba apenas media decena de iconos; con lo que yo soy.

Nada podía salir de allí ni imprimirse. Todo lo utilizado, como cuadernos, documentación adicional, etc., debía quedar guardado en la caja. Otra contraseña más. Se hacía complicado a veces retener tantas combinaciones de cifras y letras en la cabeza, sobre todo porque iban cambiando según pasaban los días. Durante las dos primeras semanas de trabajo, además, no podíamos contarle a nadie qué estábamos haciendo cuatro personas encerradas en el habitáculo ni por qué nos habían semi apartado de nuestras funciones. Era divertido escuchar las teorías de los compañeros. Lo mejor de todo, sin embargo, era que todos lo llamaban, al ser secreto e inconfesable, “Wikileaks”. Se lo llegaron a preguntar a Arsenio en una de las reuniones de contenidos: “¿Nos vais a contar ya de qué va eso de Wikileaks?”; él pensó que alguien se había ido de la lengua. Pero no.

Cara B y background

La exclusiva de ‘los cinco’ estaba muy reciente. Creo, sinceramente, que los que empezamos a buscar en los cables no esperábamos encontrar grandes revelaciones. Pensábamos: El País tiene que haber repasado esto al milímetro; además, tienen dedicados a esto diez veces más en personal y en recursos. Aunque, repensamos, también tiene sus intereses y sus lagunas, como todos. Estaba asimismo reciente el ninguneo de cierta competencia a lo publicado por el diario de Prisa y su web. Me pareció mal, pero comprobé después que eso no es patrimonio de unos pocos cuando a nosotros nos hicieron exactamente lo mismo; por gratuitos (solo en papel, que yo sepa). Pero lo logramos, hallamos información aún inédita después de todo lo llovido, empezando por el tema de salida, el del topo que impidió otros 11-M en Barcelona. El 8 de febrero.

Muchos amigos y conocidos me preguntaron en su día cómo buscábamos la información. Depende. Al principio, nos guiamos por una lista de temas inaplazables: ETA, terrorismo islamista, ley Sinde, economía, etc.; después, hacíamos búsquedas por asuntos de actualidad y por cualquiera que se nos ocurriese (‘jugábamos’ a teclear nombres y sucesos). Además, pedimos a los lectores que nos sugirieran sus propuestas, como hizo The Guardian con el “You ask, we search”. En muchas ocasiones nos topábamos con una pista que seguir y dábamos con algo jugoso. Fue lo que me pasó a mi con Ruanda. Pasamos horas y horas metidos en la sala, leyendo (en inglés), comprobando términos y haciendo anotaciones. Éramos como unos atípicos ermitaños: estábamos en una redacción y casi no nos enterábamos de lo que ocurría en el mundo. El aislamiento hizo mella y al cabo de unas semanas empezamos a ‘decorar’ las paredes que nos rodeaban, para no sentirnos tan solos.

Artículos de Wikileaks en '20 minutos'.

Comenzamos a pegar con celo los artículos que íbamos publicando en papel, arrancando las hojas correspondientes de la edición del día. Pero eso no fue todo. En la habitación había una pizarra blanca en la que empezamos a hacer dibujos, colocar los temas pendientes o escribir chorradas, por qué no decirlo. Cuando me quedaba sola -no siempre estábamos todos juntos-, yo incluso terminaba hablando con el ordenador y escribiendo en mi libreta compulsivamente. En serio, como en Naúfrago. En grupo, y a pesar de estar cada uno en una cosa diferente, nos partíamos de la risa comentando en voz alta la incontinencia verbal de ciertos individuos(as) que no hacían sino alardear de lo lindo ante el personal estadounidense, pero también fruncíamos el ceño al unísono por la sutileza (o no) con la que la delegación extranjera pretende ejercer el control.

Es interesante identificar las maneras de redactar de cada miembro de la embajada, sus tics y matices cuando trasladan lo escuchado al papel. A qué cosas les prestan atención, quién les cae bien, cómo detallan chascarrillos y qué valoración (a veces personal) realizan de las situaciones. Tirar del hilo en algunos asuntos fue, desde luego, muy entretenido. Mucho de lo que encontrábamos ya había sido publicado, de una manera u otra; algunas cosas nunca las pudimos completar por falta de cables de otras embajadas. Una pena. Por otra parte, había temas que, aunque no constituían una noticia en si mismos, sí reflejaban la cara B de ciertos procesos en instituciones internacionales o sobre las relaciones bilaterales entre países. Todo esto nos ha aportado cierto background, útil en el futuro, a los que hemos escrito los artículos.

De la misma manera, nos previene sobre maniobras y personas y nos recuerda que la información hay que trabajarla. En este sentido, nuestro modus operandi incluía un estricto cuidado hacia las fuentes (hemos ocultado muchos nombres en los cables que hemos hecho públicos) y, en la medida de lo posible, un contraste máximo de los datos. Ha habido alguna historia delicada que no ha podido ser revelada por motivos de seguridad y otras que a priori prometían turbulencias y que luego se quedaron en nada. Siempre hay que tener en cuenta, claro, que estos telegramas diplomáticos cuentan una sola versión de los hechos, y por partida doble: por un lado, hay que ser consciente de que es EE UU el que habla; por otro, desconocemos totalmente si tenemos en nuestras manos todos los papeles que son o si nos ha llegado una selección escogida. Eso nunca lo sabremos (o sí).

La punta del iceberg

Los amigos de las conspiraciones consideran la filtración a Wikileaks un movimiento interesado para tapar realidades mucho más severas. Para algunos, el soldado Bradley Manning, supuesto culpable de la revelación de secretos, es en realidad un chivo expiatorio. Lo que sí es cierto es que los telegramas constituyen sólo una pequeña parte de la información que mueve la Administración estadounidense: estos son los cables que las embajadas envían a EE UU, pero existen unas respuestas a esos cables, comunicaciones entre las distintas agencias del Gobierno, de la Casa Blanca con varios interlocutores, etc. Y aun así, nos hemos llevado las manos a la cabeza con las (intuidas) tácticas diplomáticas y las servidumbres políticas que funcionan sin que nadie dé cuerda al mecanismo global. Todos saben qué tienen que hacer.

Hace muy poco que publicamos el último artículo y ya nos parece cosa del pasado. Todos están (estamos) esperando a lo siguiente (dossier de Guantánamo aparte) sin haber casi procesado la información o analizado su alcance real. ¿Nos la hemos leído toda? A pesar de los esfuerzos ímprobos de los periodistas involucrados, no lo creo. La impresión general sobre lo sucedido es aún liviana, y hablo de la gente corriente, la que no ha entrado en la web de Wikileaks para echar un vistazo a los cables liberados y prefiere (para eso estamos) una lectura en diagonal resumida, explicada. Puede que haya sido mucha información de golpe. Pero qué digo, si todavía hay medios de comunicación publicando informaciones; si Wikileaks ha decidido tirar de crowdsourcing mientras suelta estos días decenas de miles de papeles (algunos ya conocidos). Nos viene grande a todos. Por eso el ciudadano, con excepciones, decidió desde el primer día quedarse con lo local, con lo cercano.

¿Y los informadores? Encantados hemos estado con que la montaña se precipitara de repente sobre Mahoma y nos frotamos las manos con la anunciada fuga bancaria, ya en manos de los receptores de secretos internacionales, según fue representado ante las cámaras en su día. Este asunto nos sobreexcita a pesar de contar a diario con historias de igual o más importancia, según los casos. Porque no todo merece una portada, aunque nos parezca lo contrario. A la hora de publicar los artículos, 20 minutos y 20minutos.es se complementaron, más que nada por el espacio disponible para hacer públicos los cables. Los temas se iban poniendo en común, perfilando y descartando casi a diario en una asumida contrarreloj, ya que Assange había revelado que haría llegar todos los documentos a más intermediarios de todo el mundo. Y así ha sido.

¿Consencuencias? No han llegado a término, creo, aunque aquellos aludidos que deberían sonrojarse se han quedado con la media sonrisa. Y eso que algunos de nosotros sabemos algo más sobre ellos. Los que hemos leído los papeles. Los de la chapa.

Lemas para chapas (I)

“Muy fan de Wendi Deng”. Sobre todo tras la demostración de reflejos y rabia contenida hacia el tipo que quiso embadurnar la cara de su marido con espuma de afeitar en la cámara de los comunes. Apuesto a que algunos de ellos (los comunes) lucirán el mismo emblema en la próxima sesión en alguna parte de su atuendo británico. El futuro, señorías, no pasa por Google+ o las peleas tuiteras en el barro, palomitas mediante. El futuro pasa por la concisión, las declaraciones de principios y por ir de frente con la sonrisa irónica en la boca. Pasa por regresar a la cultura chapera (no se me alteren) y explicar nuestra idea natural del mundo. Nada de 140 caracteres o una descripción espinosa en el perfil, hace falta mucho menos.

Yo ya tengo varias frases para trasladar al metal y mostrar en la solapa en colores vivos y sugerentes. Podrían organizarse por categorías o bien ponerles nombres, como a las habitaciones de un hotel (pienso ya en una multinacional, en el modelo de negocio de marras). Por ejemplo, la ‘chapa Iñaki Gabilondo’ rezaría “Yo soy formidable”. Él mismo debería llevarla. POR la amabilidad y el toque cercano, digo. A los políticos, por ejemplo, les vendrían bien expresiones rimbombantes como “Yo soy muy de hipérboles”, que mi compañero y amigo @20Hitcombo ha donado para la causa. @masaenfurecida hasta podría hacer algo de pasta con sus mayúsculas sentencias, aunque ahora que el colectivo de a uno concede entrevistas quizá pierda la capacidad de síntesis. Veremos.

Se pondrán de moda, por eso quiero adelantarme. Y porque veo que @conrubalcaba amaga (“Escuchar, hacer, explicar”) aunque sin centrar el tiro (yo es que optaría por “Alejo Estivel me compone” o “Como mola mi web”). El sello para medios y periodistas del latente #sinpreguntasnohaycobertura se acercaba también al concepto. Incluso Barney Stinson y su profético “Suit up”, tan apropiado para los tiempos chaqueteros que corren: podrían ponerlo como mosca televisiva en las próximas retransmisiones de discursos institucionales valencianos, así podríamos llamarlos chapas catódicas, en general. Pero personalizar o distinguirse, sin embargo, es triunfar (lo del nicho, de toda la vida). Por eso voy a dedicarme un par de lemas.

Uno, al margen de cualquier manifiesto, libro oportuno o pancarta, simplemente diría aquello de “Yo estuve en #acampadasol”. Es una manera de expresar a los que no palparon el asfalto en las asambleas infinitas o decidieron curiosear en la distancia que aquello fue real. Que es real (atentos a este fin de semana). El otro, con el mismo cariño, gritaría eso de “Yo leí los cables de Wikileaks”. Un ejercicio del que disfruté y con el que acabé exhausta. Otra vez. Digamos que en un hipotético test de vanidad para informadores esta doble reivindicación quedaría en un término medio, sin traspasar la línea del ego, ni la letra B. Voy a intentar, en los próximos días, desarrollar ambos lemas en sendos posts que llevo retrasando semanas. Pero sólo voy a intentarlo.


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