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Navidad, dulce Navidad

Aún no ha sido siquiera imputado el duque de Palma y si no le declaran culpable de algo esto va a ser el acabose. Se ve venir. Cuantas más portadas le dedica El Mundo a Urdangarin, más le dedica La Razón al rey. Parece que estén compitiendo, lanzándose órdagos. En cualquer caso, tanto suegro como yerno habrán de hacer algo pronto con sus respectivas imágenes para recuperar la gracia de aquellos que desde sus casas observan el culebrón. Cambiar de jefe de prensa, cambiar de bufete de abogados o cambiar de familia. Quién sabe.

Me atrevo a decir que el discurso de Nochebuena tendrá ya no un share de escándalo, sino una audiencia futbolera. Esta vez no habrá zapeo. Y aún diría más, el tema será TT, FB y todo aquello susceptible de convertirse en noticia al día siguiente. Habrá análisis sesudos, trolls de moda (de los de toda la vida), guiños esperados y no satisfechos y neutralidad en el escenario. Es decir, un mensaje grabado con contenido previsible y supuestas señales subliminales ocultas acaparará nuestra atención. Vamos, nada nuevo en televisión. A menos que las últimas fusiones nos deparen sorpresas extrañas.

Con un ojo en el aparato y otro en el jamón estarán a esa hora los ministrados celebrando el ascenso, a menos que Rajoy prefiera las ascuas a coindidir con la Lotería, que todo es una posibilidad en esta vida. Resuelto, eso sí, dejará el debate de investidura con alguna nueva que deje (obligatoriamente) en el pasado las condecoraciones, los indultos y el resto de remates con exceso del anterior Gobierno. El Ángel del Señor anunció a María. Y concibió por obra del Espíritu Santo. Mientras en Europa siguen concibiendo, aquí hacemos lo que podemos, oiga.

Dios tiene mejores cosas que hacer, entre encontrar su partícula y velar por lo que ocurre en Egipto, Siria, Bahrein y demás, ya que nadie lo hace, sea por (falta de) interés o sentido común. Time eligió bien su última portada, muy a pesar de los fans de Steve Jobs que, también muy a su pesar, venderá como nunca esta Navidad. ¿Será el de Apple el primer anuncio de 2012? ¿Llevarán ciertas empresas el visaje indignado al clímax de la publicidad? Sin saber nada aún, deberíamos estar hablando ya del primer tuit patrocinado del año.

Propongo una marca de cava y una foto de instagram

Subidón, subidón

El Consejo de Ministros debería tener un Black Friday. Digamos, el día después del Debate del Estado de la Nación. Para aprobar todos esos reglamentos pendientes que nunca viene bien abordar (a pesar de estar pactados), con un 50 % de descuento y la atención mediática puesta en otro sitio. Estaría bien que ese día el portavoz gubernamental de turno hiciera un dos por uno en declaraciones, por el mismo precio. “No me ha preguntado usted sobre eso, pero yo le voy a explicar por qué ha habido diferencias irreconciliables en la deliberación de esta reunión”. Las rebajas, me temo, no llegarán a la mesa. De hecho, tiene pinta de que toda la estancia vaya a sufrir el severo toque de la austeridad: muebles (des)montables, bics en lugar de estilográficas, cuadros indescifrables donados por el autor, etc. Tiempos duros.

No obstante, creo que desde que Bryan Ferry se viste en cierta cadena de ropa la prima de riesgo se ha relajado. Los ojos claros anestesian, Merkel bien lo sabe. Muy sola se está quedando en el enroque fiscal, mirando desde arriba a los que somos bajitos. Esta será, de nuevo, una semana crucial para Europa (y van…). Los que mandan hablan de “refundación”, lo mismo que algunos piden para la SGAE y otros para el PSOE. Esperemos que refundarse no signifique cambiar de funda: el miraguano será el mismo y no habrá nada que hacer. Eso esperamos también de cierto grupo parlamentario nonato. Otra mesa, la del Congreso, tiene un papelón en los próximos días con la flexibilidad y sus nudos. Por mucho que les pese a UPyD y a Pons, las normas son iguales para todos una vez que te han dejado jugar.

El (supuesto y muy condicional) arbitrio sienta precedentes que pueden en el futuro generar consecuencias no deseadas. Lo mismo te encuentras después con una cabalgata indignada en la calle o una protesta de los llamados tuiteros (¿dice alguien facebookeros?). Siempre, eso sí, después de una semana, simulacro de la Navidad, en la que los días festivos nos harán desear que no haya mañana. Mañana, tras las lágrimas de una ministra cualquiera, puede que el SMI sea de 0,75 euros y las putas y los periodistas compartan posts y más. Subidón, subidón.

Lemas para chapas (I)

“Muy fan de Wendi Deng”. Sobre todo tras la demostración de reflejos y rabia contenida hacia el tipo que quiso embadurnar la cara de su marido con espuma de afeitar en la cámara de los comunes. Apuesto a que algunos de ellos (los comunes) lucirán el mismo emblema en la próxima sesión en alguna parte de su atuendo británico. El futuro, señorías, no pasa por Google+ o las peleas tuiteras en el barro, palomitas mediante. El futuro pasa por la concisión, las declaraciones de principios y por ir de frente con la sonrisa irónica en la boca. Pasa por regresar a la cultura chapera (no se me alteren) y explicar nuestra idea natural del mundo. Nada de 140 caracteres o una descripción espinosa en el perfil, hace falta mucho menos.

Yo ya tengo varias frases para trasladar al metal y mostrar en la solapa en colores vivos y sugerentes. Podrían organizarse por categorías o bien ponerles nombres, como a las habitaciones de un hotel (pienso ya en una multinacional, en el modelo de negocio de marras). Por ejemplo, la ‘chapa Iñaki Gabilondo’ rezaría “Yo soy formidable”. Él mismo debería llevarla. POR la amabilidad y el toque cercano, digo. A los políticos, por ejemplo, les vendrían bien expresiones rimbombantes como “Yo soy muy de hipérboles”, que mi compañero y amigo @20Hitcombo ha donado para la causa. @masaenfurecida hasta podría hacer algo de pasta con sus mayúsculas sentencias, aunque ahora que el colectivo de a uno concede entrevistas quizá pierda la capacidad de síntesis. Veremos.

Se pondrán de moda, por eso quiero adelantarme. Y porque veo que @conrubalcaba amaga (“Escuchar, hacer, explicar”) aunque sin centrar el tiro (yo es que optaría por “Alejo Estivel me compone” o “Como mola mi web”). El sello para medios y periodistas del latente #sinpreguntasnohaycobertura se acercaba también al concepto. Incluso Barney Stinson y su profético “Suit up”, tan apropiado para los tiempos chaqueteros que corren: podrían ponerlo como mosca televisiva en las próximas retransmisiones de discursos institucionales valencianos, así podríamos llamarlos chapas catódicas, en general. Pero personalizar o distinguirse, sin embargo, es triunfar (lo del nicho, de toda la vida). Por eso voy a dedicarme un par de lemas.

Uno, al margen de cualquier manifiesto, libro oportuno o pancarta, simplemente diría aquello de “Yo estuve en #acampadasol”. Es una manera de expresar a los que no palparon el asfalto en las asambleas infinitas o decidieron curiosear en la distancia que aquello fue real. Que es real (atentos a este fin de semana). El otro, con el mismo cariño, gritaría eso de “Yo leí los cables de Wikileaks”. Un ejercicio del que disfruté y con el que acabé exhausta. Otra vez. Digamos que en un hipotético test de vanidad para informadores esta doble reivindicación quedaría en un término medio, sin traspasar la línea del ego, ni la letra B. Voy a intentar, en los próximos días, desarrollar ambos lemas en sendos posts que llevo retrasando semanas. Pero sólo voy a intentarlo.

Vivan los novios

No tengo iPhone. (En serio). Pero me encantaría poder hacer uso voluntario de su corrector, al que propondré para el Pulitzer un día de estos por su increíble capacidad para expresar lo que uno quiere decir, pero no se atreve a escribir. Lo compruebo con los mensajes de mis allegados; constantemente. Soy capaz de averiguar lo que están pensando a través de su ortografía mutante. Juegos de palabras infinitos, a veces tan ácidos que corroen pantallas.

Recomiendo a aquellos columnistas de (no) referencia con ganas de destacar y (muy) pobres resultados que se agencien uno. Comprobaríamos sus verdaderas intenciones periodísticas a riesgo de sufrir determinados efectos secundarios. Aunque después de saber que el uso de Twiter y Facebook es ahora mismo una cuestión hormonal, mirar a la cara a determinados periodistas y políticos, entre otros recién, va a resultar un desafío sólo comparable a aguantar entre las manos una copa gigante sin gritar “waka consuelo”. Cosas del fútbol.

Obama, como no podía ser de otra manera, ha reaccionado convocando una entrevista a través de la red social. Un gran orgasmo informativo. Veremos si Zapatero consigue lo propio en YouTube (dejen sus preguntas, yo ya lo he hecho). Lo malo es que después no vamos a poder fumar, y el horno no está para bollos, que dirían Rosa María Artal y compañía. A ver si el emir de Catar (antes Qatar) se deja arrancar unas propinas durante su visita a España, que vamos faltos de liquidez. Asesor del defensor del cliente de la SGAE, lo nombraría yo.

Va a perderse el jefe de Estado la lluvia y las procesiones (ateos incluidos), pero seguro que, a falta de torrijas, se lleva en la maleta un par de huevos (de chocolate, de pascua, no me sean) y otro de exmendigos. Su mujer partirá entonces hacia la boda del año, que se prevé sobrenarrada a la vez que azuzada; titulada para Google, monetizada hasta el orbyt, con perdón. Casarse es, sin duda, un modelo de negocio: ¿o que son, si no, las fusiones?; estamos en temporada de enlaces, inaugurada por la OTAN y la Coalición. Vivan los novios.

Estas fiestas siempre terminan de la misma manera: con una exaltación de la amistad, con una conga multitudinaria. Lo que no se tiene en cuenta, normalmente, es que aquellos que caminan bailando hacia delante sin mirar atrás van pisando a otros, a los que no han sido invitados. Acordémonos de los Brabos y los Vittorios, de Hetherington, Hondros y los anónimos que ya no son noticia por el cansancio sabido de emisor y receptor. Vamos tan deprisa que olvidamos a lo Memento y sentenciamos como la reina de corazones

Dale al interruptor

Enciendo la luz y lo único que veo es impaciencia. “No mire el reloj”, le dice Francino a Rajoy en esa entrevista coral (¿de trabajo?), concertada hace meses con tino inmejorable. ¿Sabía acaso el dirigente popular lo de Mordor y la ONU? ¿O es que aún no había visto el (re)estreno de Iñaki Gabilondo en Internet? Probablemente tenía que irse a diseñar una estrategia tras los últimos acontecimientos, que como agua de abril llegaron un sábado:

Un plano corto de señal institucional, sin posibilidad de alternancia con rostros amigos (o no). Quejas de las teles. Una (mega)publicación a lo Assange. Un futuro con morbo doble en el que nada hay cerrado. Un anuncio frío, con reacciones a las que les costó arrancar durante una mañana entre el ‘ya lo sabía’ y el ‘¿esto es todo?’. Hashtags, muchos: #cfpsoe, #zapatero, #eleccionesya, #nolesvotes. Hacía tiempo que no teníamos un fin de semana tan concurrido aunque, salvo el cumpleañero, nadie dijo gran cosa. Los medios, sacando los congelados para comidas con invitados (in)esperados, anticiparon más que analizan ahora.

Vale, ¿y entonces? Me acuerdo de cuando el presentador del telediario (de La 1, creo) decía el fin de semana tras dar las noticias (Cantero, apostaría): “Pasen la tarde lo mejor que puedan”. A riesgo de fomentar el negro pronóstico y el pesimismo español, habría que recuperar la fórmula. Yo, tú y él (los periodistas, al parecer, somos narcisistas) nos curaríamos en salud ante la tromba ingente de desastres. Hace no pocos días, Liz, Contador, Sortu, Portugal y el canon nos ponían a prueba; por estadística, lo siguiente será algo sobre la realeza. Ojo. Sin el imprevisto no somos nada, que cantaría Rubalcaba.

Y aun sí parece que lo de su postulado se rumia con nocturnidad. Yo reitero mis dudas soberanas y apuesto por otro pal@ de la baraja con dominio libre. El anuncio, sin rumores ni gaitas, podría salir de una red social, que parece que se llevan cada vez mejor con la política y sus practicantes y/o creyentes. Y con todos, en general. Las primarias del hipervínculo se llamarían. Todo en condicional, primo del gerundio que nos saca de la realidad; con este tiempo verbal haría yo una portada, del tirón: “Ganando las elecciones”; “Bombardeando a Gadafi”. No queda tan mal si lo pensamos bien, aunque si no nos atrevemos los de siempre pueden recoger la idea los señores pensantes de Google para su recién estrenada revista.

Sólo una condición: obligatorio incluir, en un lateral, los tuits al director. Nuevos (¿buenos?) tiempos para la lírica, en los que aún existen inconscientes capaces de imprimir papel -suerte-, en los que el nombre de Belén Esteban aparece en The Guardian. No me extraña la impaciencia. Los planetas, además, se han alineado y van a hacer coincidir en la cartelera a Inside Job y el documental sobre Justin Bieber. Creo que voy a apagar la luz.

Implosión

Alguien me contó una vez que cuando aterrizas en Japón la gente se te acerca para ayudar si aprecia que eres extranjero. Nos fascinan, nos extraña que sean tan ordenados, nos compunge que un temblor de tierra les haya partido en dos el horizonte. Porque nos da miedo que nos ocurra a nosotros también. Y titulamos el fin del mundo como previa de cualquier desastre venidero: nos servirá de documentación después. Ellos podrían reclamar entonces su derecho al olvido por todo lo hablado y tuiteado, incluso la devolución del dinero que cuesten los lexatines que muchos han reclamado para el comisario europeo de Energía y Apocalipsis.

Ya lo dijo Wikileaks (la nueva tele, anuncian). Te lo dije. Que la energía nuclear es mala. Que el metrobús no existe. Que a los toros no te pongas la minifalda (o el velo). Ni un pelo de tonto tiene Ahmadineyad, que ha quedado ante su gente como un tipo fuerte que no sucumbe a provocaciones ¿intencionadas? o femeninas. El buen trabajo de Ana Pastor le habrá dado un subidón de popularidad comparable al de Charlie Sheen, merecedores ambos de grupos en Facebook ahora que el golpe en la mesa -llámese “Enter”- es el último grito. Lo próximo ha de ser el No me gusta; en una segunda fase, la opción Ni puta idea es favorita.

Entonces nos recrearíamos, haríamos leña del árbol caído. Pero se volvería contra nosotros y sería el epílogo de las redes sociales. Implosión. Por eso garganta profunda (sí, el del Watergate) viviría en 2011 como un ermitaño digital: sólo messenger y porque lo de viajar para hacer promoción sale muy caro. Eso si no te pilla huelga (uf) o una (la) secretaria de Estado se te adelanta y deja caer que va a dejar el cargo de todas formas. Publiques lo que publiques. La información circula hoy tan rápido que pestañear supone perderse, a veces, mucho de lo interesante; pero también que aquellos que opten por ignorarlo se sientan legitimados.

Por favor, que alguien le dé ya al botón de la primavera.

Siga buscando

Visto lo visto, opino que en el currículum de los periodistas del futuro debería haber un apartado relativo a la posición geoestratégica. Así sería (mucho) más fácil dilucidar si uno es apto para escribir de esto o de lo otro. Según. El dato habría de estar acompañado, no obstante, de la aclaración sobre el estatus pentavocálico del individuo informante. O como vulgarmente se le conoce al don: tertuliano, ¿sí o no?. Ambos permitirían un descarte inmediato, dado el caso, y un ahorro de tiempo, dinero y tolerancia general.

Dicho esto, y habiendo terminado la semana hasta el Sortu de ciertos asuntos, llama la atención la (im)paciencia con la que asistimos al (tótum) revolútum de los países árabes, levantando tapas de yogur para saber quién será el próximo en caer: ¿Será Marruecos?… “Siga buscando”. Anticiparse a la chispa siguiente está en manos de unos pocos; y de Facebook, al parecer. A saber de qué hablarían Mark Zuckerberg y Barack Obama en la wikicena, qué secretos le contó el señor de los estados al hidalgo de los cables.

Suponemos que pocos, más allá de lanzarse mutuas peticiones de amistad y de confesar sendos “Me gusta” en Jo, yo sí veía OT y Aprobada la Ley Sinde, respectivamente. Al encuentro faltó Alejandro de la Iglesia -suena mucho mejor así y punto-, desaparecido de los papeles tras el (gran) discurso; debe ser porque se ha afiliado al partido internáutico ese, el que va pidiendo el ‘no voto’ y el fin de los aplausos en playback a la clase política. Los mismos que recibió de algunos el presidente de la Academia en la ceremonia de los Goya.

Una gala, digamos, holgada, como los cortos de Rumasa en televisión. Daban miedo, y aún así hacían su función. A ver si la clave de todo va a estar en la publicidad, y, concretamente, en las fotos. Por una se ha llevado Piqué el premio a CM del año, y de él debería aprender cierto primer ministro italiano con pocas cualidades para el disimulo a punto de sentarse en el banquillo (¿habrá llamado ya a Naomi Campbell?). Ser magistrado en ese proceso y escuchar de primera mano cómo se rodó el anuncio de Ikea debería puntuar doble.


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