Archive for the 'Periodismo' Category



Venganza

Cuando el grajo vuela bajo, se choca contra algo y muere. Podría ser una bonita metáfora periodística, pero parece que esta vez la realidad ha superado a la ficción y los pájaros (Alfred Hitchcock habría disfrutado) se dieron de bruces contra ella. O igual asomaron sus picos a la Tierra para comprobar si, efectivamente, el tabaco se había transformado en humo. En la obra Razas, de David Mamet, uno de los protagonistas fuma varias veces sobre el escenario: entre el público, un levísimo murmullo se pregunta cómo es posible. Ni un solo reproche cuando el mismo actor se sirve dos supuestos copazos. No hay descanso, menos mal, porque más de uno se iría al baño a darle al tema, como se hacía antes. O a chivarse, ojo.

El verdadero golpe de efecto hubiera sido que la ley entrara en vigor en Nochevieja: todas las peleas se habrían concentrado el mismo día. Aquí (así) paz y después gloria. Pero no, y las noticias estos días van de cómo acatamos las normas. Me acuerdo de cuando Sinead O’Connor rompió aquella foto del papa (americano) en la televisión: igual un día de estos alguien se enciende un puro en directo y anima el recién estrenado twitter de Interior, que seguro se muere de ganas de añadir algo al #etafacts. El ministro, mientras, lucha en soledad contra sus manos para que se nos borre de la mente la imitación de Mota. Habrá que grabarse las ruedas de prensa del Consejo de Ministros.

Pero siempre que no coincidan, claro está, con retransmisiones de misas o ruidosos desfiles llenos de orgullo y niños. Tampoco son desdeñables para el repaso las comparecencias de cascos (presuntamente) no retornables, carne de fin de semana a falta de otra cosa. El regreso del nuevo azote del PP es, según algunos, fruto del protagonismo. Él aduce que Asturias no es tenida en cuenta a nivel nacional (ahí igual hasta tiene razón, pero pasa con otras y otros). Después de tanto tiempo desaparecido, no obstante, es posible que lo que ocurriera es que la alarma del iPhone no le sonara a tiempo. Misterios de la humanidad, equiparables a la subida de la luz y la pelea infantiloide entre cadenas nacionales.

La audiencia está empezando a cotizarse muy alto con la llegada de la TDT, y eso que aún no existen parrillas decentes que lo justifiquen, de ahí las autopromociones vengativas. Por si no bastaba con la contraprogramación. Hablando se entiende la gente, que diría Álex de la Iglesia, el que (uno de los pocos que) sujeta la linterna que enfoca como puede hacia el final del túnel, cuya puerta de salida se antoja de color violeta, o eso dicen desde Las Vegas. El dinero es el problema, el de siempre, el que materializa (monetiza) cualquier cosa que pensemos hacer; y eso que quedan idealistas, a este y el otro lado del océano, que nos hacen creer que es posible continuar. La próxima vez no veo Grease, lo prometo.

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Sucesiones

Recuerdo poco de ayer. Efluvios raphaelescos (el arte y sus cosas) acuden a mi cerebro, pero no estoy segura de haber entendido el mensaje completo. Tampoco el real, aunque el hecho de que La vida de Brian, de Monty Python, supiera hacerse un año más un hueco en la programación me va abriendo los ojos poco a poco. Creo que tomé la pastilla roja y estoy en Matrix. Si no, ¿por qué tengo la certeza hoy, día de Navidad, de que Casillas es El sucesor?

Quizá era lo único que interesaba anoche al comensal medio: una referencia al futuro. Y vaya si la hizo. Todos estamos tranquilos ahora que sabemos que, en la mesita de noche, el novio de España guarda sonriente en su puño La Transición II. Sólo nos queda por saber quién hace lo propio a la vera (verita) de Moncloa tras la hábil jugada mediática del presidente. Nos conoce, y nosotros no aprendemos nunca. Lo rodeamos como verdaderos buitres a la primera de cambio -o sea, en la copa de Navidad- a ver si le sacamos algo; nos suelta lo del amigo invisible y nos enfadamos muchisimo, por inoportuno. La culpa es nuestra. Pero es que no había ministros a los que interrogar salvo, claro, el amigo visible Rubalcaba. El caso es tener algo sobre lo que teorizar, por muchos matices que surjan después.

Las cábalas tronistas son una ciencia, por eso todo el mundo quiere apuntarse. Pero no todos son capaces. Ya se sabe: el que vale, vale. Y el que no, a la ley Sinde. (Con perdón). El próximo capítulo se escribirá en enero, a eso apuntan, de nuevo, las intrigas del Senado. Por si acaso, todo dios escribe unas palabras sobre el asunto (con todo el derecho, oiga) y defiende lo suyo (idem), entre cuestionables conspiraciones políticas, tomates, criminales al teclado y razonables argumentos. Hay dos bandos marcados (buenos y malos, a elegir) que, sin embargo, casi están de acuerdo en que la LES no era el mejor refugio para ese apoyo a la supuesta reconversión industrial. Ella, la homenajeada, se siente como si hablara de jamones en clase y una minoría religiosa se mostrara ofendida.

El pueblo, ante tal debate filosófico, lejos de conmoverse se entrega al niño de la cresta y se gasta sus 200 euros en regalos. De todas formas, pensarán, Internet no va a desaparecer y siempre tendremos a mano el móvil y la tele. Es una pena que por motivos directos e indirectos los que trabajan en ella no opinen igual. Ellos, los perjudicados por las fusiones y las despedidas, sí podrían componer una postal navideña con sus caras, a lo Brady Bunch.

Desesperados

Aquí estamos todos esperando la buena nueva (¿La lotería? ¿El comunicado? ¿El nacimiento? ¿De qué o de quién?). No sabemos si gastarnos el poco dinero que tenemos o esperar a los acontecimientos, si es que antes no aparecen publicados, filtración mediante, y nos indican por dónde van los tiros. El estado de alarma no es para tanto (dicen), de acuerdo, pero lo miramos de reojo a tenor de las circunstancias económicas, digitales y sociales. Por lo menos no volveremos a sobresaltarnos hasta enero con los plenos del Congreso, cerrado por vacaciones, cuyas (sobre)actuaciones han sido sustituidas en los medios relajados por los momentos musicales de Paris Hilton en Fabrik. Ese sitio. Esa mujer.

Estos días, sus señorías se mueven de copa en copa (de Navidad) arreglando el mundo con la boca llena. Ellos también tienen derecho. Los periodistas hacen lo propio e intentan todo tipo de tretas verbales para sonsacarles, una y otra vez. Se quedarán un día sin nada que decir, como Julian Assange, entrevistado cada cinco minutos (Me quemaría por dentro). El ‘no personaje del año’, según la portada de Time, concentra mucha más atención de la que captan Pfizer, Israel o Couso (¿Logrará de verdad el juez Santiago Pedraz viajar a Irak o casualmente sufriremos una invasión alienígena que paralice el tema?). Unos le boicotean al estilo Kate Moss (y, nunca mejor dicho, lo pagan caro); otros le tienden la mano. Y mientras, el resto comentamos.

No deja de ser curioso que nos levantemos de la silla por cosas que nos cuentan otros y no por cosas que vemos a diario. Internet tiene la culpa, que diría la señora que (re)compró una entrada falsa, a precio de otro, para que su niña viera a Lady Gaga en acción. Propongo que, para compensar la catástrofe, la traigan de nuevo para que dé las campanadas de fin de año. O mejor, que lo haga en el AVE a Valencia, acompañada de Genoveva (aspirante a Vargas Llosa) para después dar paso al primer anuncio de 2011: por supuesto, el del Ministerio de Sanidad. La cadena elegida sería CNN+. A lo mejor con esto conseguimos una inyección de dinero que impida su desaparición. A situaciones deseperadas, ya se sabe.

Los controladores lo intentaron también en el último momento, prometiendo un alto el fuego en las fechas calientes, pero a ellos les salió mal. O eso parece, porque luego nunca se sabe. Ahí están La Sexta e Intereconomía haciendo manitas bajo la mesa cuando nadie podía esperárselo, o Catar (antes, Qatar) organizando un mundial de “fúrgol” (Villar dixit). Será que la prima de riesgo y el bono alemán lo están revolucionando todo, pero están ocurriendo cosas extrañas como éstas en las últimas semanas. Yo no digo nada, pero Italia vuelve a Eurovisión y Toni Cantó dice que se presta a ir en la lista de Rosa Díez. Si el mundo se va a acabar hemos de estar preparados; y, sobre todo, debemos contarlo bien (para eso está la Fundeu).

PD: rey. papa. (Siempre quise poner esto en minúscula).

Wikileaks o el pensamiento crítico

Información, dinero, política y papel. Censura, denuncia e intereses. Se habló de tantas cosas el martes en “El periodismo en la era de Wikileaks“, debate convocado por El País -a la sazón, elegido por el dedo Assange- en el Caixaforum de Madrid que, de ponerlas por escrito, el texto de los famosos 250.000 cables se habría quedado corto. Hubo tres frentes claros y un gusanillo general: por un lado, los representantes del establishment mediático, personificados en Javier Moreno, director de El País y Borja Bergareche, subdirector de ABC; por otro, los ajenos, aunque implicados, Alicia G. Montano, directora de Informe Semanal, y Javier Bauluz, director de Periodismo Humano. Y, por último, elpúblico, que no dio (ni quiso dar) tregua a los profesionales.
De “vergüenza” para aquellos que deben buscar las historias calificó sin tapujos Bauluz, nada más empezar, las filtraciones que han sonrojado a la Casa Blanca. Un hito que ha cambiado para siempre el “ecosistema” de la prensa y (fundamentalmente) de Internet y que ha puesto el dedo en la llaga del ego de los medios. ¿No sabemos hacer nuestro trabajo? ¿Tiene que venir un “activista” y servirnos en bandeja lo que no podemos encontrar? ¿Será siempre así a partir de ahora? Las dudas eran razonables. Montano y Bergareche sí coincidían en que lo excepcional de Wikileaks es más importante que, por ejemplo, su contenido. Un buen rato dedicaron a debatir si las “charletas” privadas de unos señores diplomáticos son noticia o no, y Moreno defendió a capa y espada el rol de rastreador de su periódico.
La experiencia de las publicaciones que han recibido el material para su análisis, en este sentido, es un valor añadido. Esta experiencia también tuvo voz en el acto, la de alguien que aún no hemos citado: Giles Tremlett, corresponsal de The Guardian en España. Lo suyo con Wikileaks, contó, viene de lejos: fueron Assange y compañía los que les enseñaron a ‘sortear’ las duras leyes de privacidad del Reino Unido cuando realizaban, hace años, una investigación sobre la evasión de impuestos de los bancos. No obstante, reconoció que algún día “habrá que poner límites” legales para la publicación de ciertas cosas. No todo vale, y esta máxima se llevó reproches por parte de Bergareche -“Si yo fuera Hillary Clinton, lo desclasificaría todo”- y del público, muy muy interesado en la autocensura.
Así, las confesiones hicieron su aparición. Se dejó claro que “nunca habrá un Wikileaks de China” o que, en otros casos, como el sumario Gürtel, hay cosas relacionadas con asuntos “sexuales” que no han visto la luz. Moreno tuvo que aclarar, asimismo, que El País no ha pagado por el material y que, aunque no han recibido presiones, sí les han llegado ciertas “consideraciones” para que se abstuvieran, en la medida de lo posible, de hacer públicos ciertos cables. Negó, por otra parte, que EE UU haya metido mano. Trataba de convencer de esta manera a un respetable descreído con esa información que nunca veremos, y también con la capacidad crítica de los propios medios que, según algún asistente, van a seguir haciéndole el juego a los “intereses” económicos y políticos de las grandes potencias.
“Se está cociendo algo”
En cuanto a cuestiones menores, afloró la rivalidad entre medios competidores y la poca “generosidad” que hay en España, según Moreno, para citar al contrario si éste tiene la exclusiva de algo. En cuanto a cuestiones mucho más interesantes -el público criticó el metaperiodismo, aunque la charla versara sobre él-, las fuentes y su fiabilidad se llevaron la palma. “Hay que tener cuidado”, decía Montano; “Nos da igual que nos manden información de Wikileaks, Openleaks o por correo electrónico”, apostillaba Tremlett. Bauluz, como le corresponde -y además de poner la lupa sobre proyectos como el suyo-, se mostró duro: “El papel de los periodistas no debe ser esperar a que te lleguen filtraciones”. Y mucho hablar de los medios pero, ¿qué papel juegan los lectores y ciudadanos en todo esto?
Pues casi el más importante. “Se está cociendo algo en la ciudadanía”, decía alguien en Twitter. El debate pudo seguirse en La Red -se habló poco de ella, por cierto- con el hashtag #wldebate, además de por streaming en las webs de El País y Periodismo Humano. Muy activos estuvieron los internautas y pocas de sus preguntas se vieron trasladadas al moderador, Ignacio Escolar, cuyo discreto papel fue de agradecer. Aunque sí demostraron, como inquirió la periodista Rosa María Artal, micro en mano desde el patio de butacas, un incipiente “estímulo del pensamiento crítico” de la sociedad ante revelaciones de tal calibre. “Hay hambre de realidad más allá del runrún de la política”,soltaba otro veterano presente, Ramón Lobo en Twitter.
Del encuentro con estos profesionales y al que mucha gente no pudo entrar -Caixaforum habilitó tres salas más con pantallas para aquellos que se quedaron fuera del auditorio, en el que cabían unas 750 personas-, sacamos varias conclusiones. Una, muy práctica: el “You ask, we search” que The Guardian practica para que quien quiera se convierta en buscador de temas en el océano de Wikileaks. La otra, más metafísica: el debate sobre la profesión y el shock que ha supuesto, sin distinciones, para la prensa -y con esto, como se apuntaba en el estrado, hablamos de todo tipo de formatos y medios- el pasar al otro lado de la raya y asistir como espectador a un cambio en la profesión. Esto, como pasa con la justicia, se irá construyendo revulsivo a revulsivo. El periodismo es así.
* Crónica publicada en 1001medios

Filosofía, truco o trato

Nos extrañamos de que la diplomacia y los servicios secretos hagan (bien o mal) su trabajo. ¿Que se exceden? Claro. ¿Que no son lo que aparentan? Por supuesto. Si no, no sacarían nada aprovechable de este mundo de suspicacias políticas y poderes fácticos; si no, no tendrían los Estados sus estrategias y movimientos de ficha preparados para pisotear al de enfrente. Conocer cómo se las gastan, no obstante, es indispensable para saber a qué atenernos.

Las filtraciones de Wikileaks nos devuelven la emoción de la Guerra Fría, cables mediante, y nos recuerdan que aún hay dónde rascar. De paso, además, nos tiran del pelo a los del gremio (periodístico) poniéndonos en bandeja los datos que no somos capaces de conseguir. ¿O no queremos hacerlo? Duda razonable. Es un estímulo, pero también un cómodo servicio externalizado al que muchos podrían acostumbrarse. Hay que tener cuidado con eso.

Y con lo que se nos da. Para eso estamos, para decidir si las fuentes que dicen que Ali Khamenei padece un cáncer terminal son solventes; o para interpretar correctamente los seguimientos a Erdogan y al hermano de Karzai y la triple cara de los gobernantes árabes. Lo de los cotilleos quedará (o no) para la anécdota si el buceo da frutos elaborados de entidad. Que los dará, gracias al buen hacer de los elegidos y de otros tantos.

El ‘pero’ hay que ponérselo ahora a Assange, reconvertido (¿por qué?) en racionador de exclusivas. Soltar en bruto tanta información, sin tratar, no es bueno, dicen algunos. Es cuestionable: ¿No era el objetivo que cualquiera pudiera acceder a los datos? ¿No era esa la filosofía? ¿En qué quedamos? Los embargos y fascículos están creando una ansiedad innecesaria en gente que a lo mejor ni siquiera se leería lo divulgado de una tacada.

Lo que está claro es que la palabra confidencial no significa nada hoy en día. Es difícil mantener algo en secreto con tantas manos tocando y tantos ojos mirando. Batman y Robin y la nueva Ortografia (de todos los Santos) lo han sufrido en sus propias carnes, de ahí el frenazo y la marcha atrás. Pudo haber sido un globo sonda también lo del sacaleches, pero ya está en las tiendas; quizá el anuncio de la izquierda abertzale, también: no lo parece.

Pero se han posicionado igual de bien que el aceite virgen, los condones y los encantos retocados de cierta presentadora, palabras clave que han colapsado días atrás telediarios y topics como cortinas de humo. ¿Hablarían de todas esas cosas los empresarios of the word? En esa mesa con forma de U se pudo hasta cerrar un tratado de paz en línea directa con Kim Jong-Il (y descendencia). Para eso gobiernan el planeta. Pura magia, que diría Matute.

Por arte de idem el PP se convierte en tercera fuerza en Cataluña y Rosa Díez obtiene menos votos que el partido pirata. El resto era previsible: Mas da saltitos de alegría a pesar de la soledad. Si Leslie Nielsen hubiera hecho una película sobre las elecciones habría sacado un partido tremendo al material audiovisual de la campaña, pero también a la próxima cumbre del G-20. Imaginemos a todos esos líderes, cara a cara, después de lo de Wikileaks…

El único que se salva de la quema sigue siendo el Rey, al que ya le van dedicando amplios reportajes premonitorios por sus 35 años de reinado. Pero ese ya es otro tema…

(II)

* Hagamos un comentario, por si no quedaba claro. Lo que está haciendo El País es un trabajo magnífico y ha tenido la suerte de ser uno de los elegidos, como he dicho anteriormente. Por otro lado, no hacerse eco o menospreciar una información de este tipo es un error, a mi juicio. Y que Wikileaks lo haya pasado a ciertos medios hace algunas semanas, además de ser una decisión propia y respetable, es una buena manera de que los datos se ofrezcan a la gente de forma analizada y desgranada, además de filtrada con rigor periodístico.

Otra cosa muy distinta es que Assange y compañía hayan decidido, esta vez, no colgar el material el bruto en sus servidores, no ‘liberarlo’ para conocimiento general al tiempo que han empezado las publicaciones en la prensa, siendo que esa era su filosofía inicial: y hablo siempre en relación al ciudadano de a pie, no en relación a los demás medios o a los periodistas. Aún no sé si estoy de acuerdo con esta estrategia, de ahí el post.

Petit Point

Por obra y gracia de los señores de la ortografía tendré que estar unida a mi exmarido para siempre jamás. No es justo, aquello que escribíamos bien nos lo cambian; lo que nos provoca duda constante, es intocable. Les gusta vernos titubear. Los imagino leyendo desde la nave nodriza, sentados y con sus iPads del futuro en las rodillas (nuestros) textos equivocados, maquinando: este, ese, el de más allá. No saben lo que han hecho: eta=y=ye. Ahí lo dejo.

Podría tratarse, por qué no, de un globo sonda. Como lo de Rajoy y la Ley de matrimonios homosexuales. Como lo de la homeopatía. Acabaremos viviendo de tanteos más que de hechos ciertos, y eso nos hará virtuales del todo y nos librará de culpa. No importa si matamos a alguien por error o criticamos con saña (y razón) a la familia real de pega. Las palabras se las lleva el Tweetdeck, que ahora va a toda pastilla. Papel, para qué te queremos.

Pues para nada, según Negroponte (gorro en cabeza). Augura el experto la desaparición del gremio impreso en 2015, así como la del colectivo microbloguero, cuando sea. Decidido: hay que preguntar a una tal Belén Menéndez, así, con el apellido materno, o al visionario de pro Alcaraz, que va y se concentra contra las “treguas trampa” el mismo fin de semana de los EMA, la llegada de la Copa del Mundo a Andalucía y la visita papal. Eso es estrategia.

En vez de ir a lo grande debería dedicarse al petit point. Micropolítica, por ejemplo, que es lo que practicará el candidato Lissavetzky si llega a ser alcalde de la capital, según nos contaba a unos pocos recientemente. Golpes certeros, como los republicanos en las vigas demócratas. Con Obama contra las cuerdas ya no sabemos si el mundo cambió algo en estos 22 meses o ha sido un espejismo urdido por Darwin, Mendel y demás herejes titulados. Salud y libertad.

Ideas frescas

Rubalcaba tiene dos despachos, dos. Es algo que me desconcierta. Me pregunto dónde pondrá el marco de foto y si él mismo presidirá desde un cuadro las estancias, como vigilándose. Si los tendrá igual de (des)ordenados; si se sentirá cómodo en ellos. Deberían cambiarle, para empezar, las espantosas y dieciochescas carteras negras, de cierre dorado, por una mochila con ruedas, porque la cantidad de apuntes que va a generar podrían constituir el próximo fascículo de Wikileaks, que está consiguiendo que Irak nos se nos vaya de la mente. Y eso que, según  Mikel Ayestaran, está teniendo “la posguerra peor cubierta” ever.

Julian Assange debería dejarse de CNN(s) e ir a La Noria, que es paso obligado si uno quiere ser alguien en la vida, política o no. Sin haber visto la intervención estelar de Montilla, ardo en deseos de saber si le han tirado de la lengua sobre Scarlett Johansson, que hubiera sido lo suyo, vamos. Ahí está, en la red social, una instantánea del encuentro en cierta entrega fashion de premios; sin trucar ni nada. No como la película, cuyos gemelos son, me entero, producto de la postproducción, como algunos (los menos) de los nuevos ministros. No me gusta, por cierto, la mofa o lo que sea hacia las lágrimas de Moratinos. No.

Ni lo que nos hizo trabajar, filtraciones aparte, Zapatero con la sorpresita. De nuevo volvimos en las portadas digitales a poner caritas y cruces tachando intrahistorias, como con los mineros: uno fuera, otro dentro. (Min)istros (Min)eros. ¿Lo siguiente? Olvidando a Otegi, cuya entrevista se publicó en la semana equivocada, el próximo notición tendría que venir (con v, de Vizcaya), por estadística, de Rusia, que están muy callados últimamente allí. Por comentar. Pero, o es algo muy gordo o nos interesará lo mismo que la influencia maligna de Google Instant en el SEO. Según Bernardo Hernández, no existe. Me quedo más tranquila.

El director de productos emergentes de la compañía tecnológica estuvo un par de horas en Madrid el pasado viernes y (nos) soltó ante una audiencia pequeña y agradecida uno de los grandes titulares gurús de la crisis: “España es un país de bares, mercerías y ultramarinos”. Es decir, como apunta Forges, nos habríamos convertido en repartidores de “nadas” a domicilio. En concreto, a ese que el cargo de la empresa con más vicepresidentes que portavoces tiene ahora nuestro Ejecutivo enseñó en la tele no hace mucho. Desde luego, tener esa nevera llena de nada es un verdadero desperdicio. Llenémosla, aunque sea, de ideas.


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