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Subidón, subidón

El Consejo de Ministros debería tener un Black Friday. Digamos, el día después del Debate del Estado de la Nación. Para aprobar todos esos reglamentos pendientes que nunca viene bien abordar (a pesar de estar pactados), con un 50 % de descuento y la atención mediática puesta en otro sitio. Estaría bien que ese día el portavoz gubernamental de turno hiciera un dos por uno en declaraciones, por el mismo precio. “No me ha preguntado usted sobre eso, pero yo le voy a explicar por qué ha habido diferencias irreconciliables en la deliberación de esta reunión”. Las rebajas, me temo, no llegarán a la mesa. De hecho, tiene pinta de que toda la estancia vaya a sufrir el severo toque de la austeridad: muebles (des)montables, bics en lugar de estilográficas, cuadros indescifrables donados por el autor, etc. Tiempos duros.

No obstante, creo que desde que Bryan Ferry se viste en cierta cadena de ropa la prima de riesgo se ha relajado. Los ojos claros anestesian, Merkel bien lo sabe. Muy sola se está quedando en el enroque fiscal, mirando desde arriba a los que somos bajitos. Esta será, de nuevo, una semana crucial para Europa (y van…). Los que mandan hablan de “refundación”, lo mismo que algunos piden para la SGAE y otros para el PSOE. Esperemos que refundarse no signifique cambiar de funda: el miraguano será el mismo y no habrá nada que hacer. Eso esperamos también de cierto grupo parlamentario nonato. Otra mesa, la del Congreso, tiene un papelón en los próximos días con la flexibilidad y sus nudos. Por mucho que les pese a UPyD y a Pons, las normas son iguales para todos una vez que te han dejado jugar.

El (supuesto y muy condicional) arbitrio sienta precedentes que pueden en el futuro generar consecuencias no deseadas. Lo mismo te encuentras después con una cabalgata indignada en la calle o una protesta de los llamados tuiteros (¿dice alguien facebookeros?). Siempre, eso sí, después de una semana, simulacro de la Navidad, en la que los días festivos nos harán desear que no haya mañana. Mañana, tras las lágrimas de una ministra cualquiera, puede que el SMI sea de 0,75 euros y las putas y los periodistas compartan posts y más. Subidón, subidón.

Dale al interruptor

Enciendo la luz y lo único que veo es impaciencia. “No mire el reloj”, le dice Francino a Rajoy en esa entrevista coral (¿de trabajo?), concertada hace meses con tino inmejorable. ¿Sabía acaso el dirigente popular lo de Mordor y la ONU? ¿O es que aún no había visto el (re)estreno de Iñaki Gabilondo en Internet? Probablemente tenía que irse a diseñar una estrategia tras los últimos acontecimientos, que como agua de abril llegaron un sábado:

Un plano corto de señal institucional, sin posibilidad de alternancia con rostros amigos (o no). Quejas de las teles. Una (mega)publicación a lo Assange. Un futuro con morbo doble en el que nada hay cerrado. Un anuncio frío, con reacciones a las que les costó arrancar durante una mañana entre el ‘ya lo sabía’ y el ‘¿esto es todo?’. Hashtags, muchos: #cfpsoe, #zapatero, #eleccionesya, #nolesvotes. Hacía tiempo que no teníamos un fin de semana tan concurrido aunque, salvo el cumpleañero, nadie dijo gran cosa. Los medios, sacando los congelados para comidas con invitados (in)esperados, anticiparon más que analizan ahora.

Vale, ¿y entonces? Me acuerdo de cuando el presentador del telediario (de La 1, creo) decía el fin de semana tras dar las noticias (Cantero, apostaría): “Pasen la tarde lo mejor que puedan”. A riesgo de fomentar el negro pronóstico y el pesimismo español, habría que recuperar la fórmula. Yo, tú y él (los periodistas, al parecer, somos narcisistas) nos curaríamos en salud ante la tromba ingente de desastres. Hace no pocos días, Liz, Contador, Sortu, Portugal y el canon nos ponían a prueba; por estadística, lo siguiente será algo sobre la realeza. Ojo. Sin el imprevisto no somos nada, que cantaría Rubalcaba.

Y aun sí parece que lo de su postulado se rumia con nocturnidad. Yo reitero mis dudas soberanas y apuesto por otro pal@ de la baraja con dominio libre. El anuncio, sin rumores ni gaitas, podría salir de una red social, que parece que se llevan cada vez mejor con la política y sus practicantes y/o creyentes. Y con todos, en general. Las primarias del hipervínculo se llamarían. Todo en condicional, primo del gerundio que nos saca de la realidad; con este tiempo verbal haría yo una portada, del tirón: “Ganando las elecciones”; “Bombardeando a Gadafi”. No queda tan mal si lo pensamos bien, aunque si no nos atrevemos los de siempre pueden recoger la idea los señores pensantes de Google para su recién estrenada revista.

Sólo una condición: obligatorio incluir, en un lateral, los tuits al director. Nuevos (¿buenos?) tiempos para la lírica, en los que aún existen inconscientes capaces de imprimir papel -suerte-, en los que el nombre de Belén Esteban aparece en The Guardian. No me extraña la impaciencia. Los planetas, además, se han alineado y van a hacer coincidir en la cartelera a Inside Job y el documental sobre Justin Bieber. Creo que voy a apagar la luz.

Fuera de juego

Esta semana he aprendido dos palabras. Una es exangüe (no, no la conocía, estoy con dos rosarios de penitencia ahora mismo); la otra, wakarumor (he añadido un padrenuestro). Esta última, comodín evidente, podría ser la etiqueta bandera de los escépticos, aplicable en casos de obsolescencia programada o de publicación probable de datos bancarios suizos. A escoger. Podría incluirse, cómo no, cierto alto el fuego, permanente, general, indivisible e indisolvente. Las preguntas, a Quora, que para eso es la sensación de Internet.

El problema con el inglés de esta nueva red social es solucionable, a priori, por 12.000 euros: a lo mejor los señores traductores del Senado tienen tiempo libre para ponerse a ello. Muchos se lo agradecerían, aunque el tráfico de pinganillos se convertiría en el eje de la economía sumergida. La otra opción es pagar por horas a expresidentes del Gobierno, cuya pensión está (¿?) en la cuerda floja tras el debate suscitado por sus actividades extraescolares; unos hacen yudo, otros cobran de una eléctrica. Siempre hubo clases.

Daría para un buen monólogo a lo (Aníbal) Gervais, aunque no tiene pinta de que algo así vaya a suceder en nuestros Goya. El escándalo provocado en Hollywood, no obstante, tiene su parte buena, y es que ha puesto a prueba al fin a los delays y demás subterfugios censores. ¿Por qué? Porque con el invento de la tuitretransmisión nos enteramos al segundo de lo que dicen y hacen los presentadores (#Pilarrubiofacts) en las galas de turno, ya que siempre hay alguien dentro dispuesto a contarlo. Se acabó eso de que en la tele es todo mentira.

Ahora, tristemente, es la realidad la que parece de cartón piedra. Es cuando nos damos cuenta de que en Túnez había un dictador o de que en Haití siguen sufriendo. La SGAE, por su parte, pinta un bonito decorado mientras las bodas son oficiadas por actores y Series Yonkis vira hacia un nuevo estatus. En su mundo, unos falsos (pre)reyes fuman como carreteros en una tv movie. La vida es puro teatro. ¿Y la muerte? Golpeará dos veces.

El otro día, tras una desgracia familiar, me vino a la mente la siguiente imagen: cuando los periódicos mueran (tarde, que sea tarde), lo harán también las esquelas tradicionales. Y entonces, estaremos ante una redundancia sublime. Cierto, los decesos tienen su réplica online, pero se perderá el recorte del papel para colocarlo en la plaza del pueblo, a la entrada del mercado, etc. Claro que, cuando esto ocurra, y tal y como me sugieren algunos, los ancianos irán ya provistos de sus nano ipads del futuro. Y nos pillarán a todos en Orsai.

P.D.: No tacho, que queda feo, pero añado una corrección que atañe a los traductores. Como bien he aprendido hoy, los del Senado lo son -la carrera es Traducción e Interpretación-, pero allí ejercen como intérpretes.

Venganza

Cuando el grajo vuela bajo, se choca contra algo y muere. Podría ser una bonita metáfora periodística, pero parece que esta vez la realidad ha superado a la ficción y los pájaros (Alfred Hitchcock habría disfrutado) se dieron de bruces contra ella. O igual asomaron sus picos a la Tierra para comprobar si, efectivamente, el tabaco se había transformado en humo. En la obra Razas, de David Mamet, uno de los protagonistas fuma varias veces sobre el escenario: entre el público, un levísimo murmullo se pregunta cómo es posible. Ni un solo reproche cuando el mismo actor se sirve dos supuestos copazos. No hay descanso, menos mal, porque más de uno se iría al baño a darle al tema, como se hacía antes. O a chivarse, ojo.

El verdadero golpe de efecto hubiera sido que la ley entrara en vigor en Nochevieja: todas las peleas se habrían concentrado el mismo día. Aquí (así) paz y después gloria. Pero no, y las noticias estos días van de cómo acatamos las normas. Me acuerdo de cuando Sinead O’Connor rompió aquella foto del papa (americano) en la televisión: igual un día de estos alguien se enciende un puro en directo y anima el recién estrenado twitter de Interior, que seguro se muere de ganas de añadir algo al #etafacts. El ministro, mientras, lucha en soledad contra sus manos para que se nos borre de la mente la imitación de Mota. Habrá que grabarse las ruedas de prensa del Consejo de Ministros.

Pero siempre que no coincidan, claro está, con retransmisiones de misas o ruidosos desfiles llenos de orgullo y niños. Tampoco son desdeñables para el repaso las comparecencias de cascos (presuntamente) no retornables, carne de fin de semana a falta de otra cosa. El regreso del nuevo azote del PP es, según algunos, fruto del protagonismo. Él aduce que Asturias no es tenida en cuenta a nivel nacional (ahí igual hasta tiene razón, pero pasa con otras y otros). Después de tanto tiempo desaparecido, no obstante, es posible que lo que ocurriera es que la alarma del iPhone no le sonara a tiempo. Misterios de la humanidad, equiparables a la subida de la luz y la pelea infantiloide entre cadenas nacionales.

La audiencia está empezando a cotizarse muy alto con la llegada de la TDT, y eso que aún no existen parrillas decentes que lo justifiquen, de ahí las autopromociones vengativas. Por si no bastaba con la contraprogramación. Hablando se entiende la gente, que diría Álex de la Iglesia, el que (uno de los pocos que) sujeta la linterna que enfoca como puede hacia el final del túnel, cuya puerta de salida se antoja de color violeta, o eso dicen desde Las Vegas. El dinero es el problema, el de siempre, el que materializa (monetiza) cualquier cosa que pensemos hacer; y eso que quedan idealistas, a este y el otro lado del océano, que nos hacen creer que es posible continuar. La próxima vez no veo Grease, lo prometo.

Desesperados

Aquí estamos todos esperando la buena nueva (¿La lotería? ¿El comunicado? ¿El nacimiento? ¿De qué o de quién?). No sabemos si gastarnos el poco dinero que tenemos o esperar a los acontecimientos, si es que antes no aparecen publicados, filtración mediante, y nos indican por dónde van los tiros. El estado de alarma no es para tanto (dicen), de acuerdo, pero lo miramos de reojo a tenor de las circunstancias económicas, digitales y sociales. Por lo menos no volveremos a sobresaltarnos hasta enero con los plenos del Congreso, cerrado por vacaciones, cuyas (sobre)actuaciones han sido sustituidas en los medios relajados por los momentos musicales de Paris Hilton en Fabrik. Ese sitio. Esa mujer.

Estos días, sus señorías se mueven de copa en copa (de Navidad) arreglando el mundo con la boca llena. Ellos también tienen derecho. Los periodistas hacen lo propio e intentan todo tipo de tretas verbales para sonsacarles, una y otra vez. Se quedarán un día sin nada que decir, como Julian Assange, entrevistado cada cinco minutos (Me quemaría por dentro). El ‘no personaje del año’, según la portada de Time, concentra mucha más atención de la que captan Pfizer, Israel o Couso (¿Logrará de verdad el juez Santiago Pedraz viajar a Irak o casualmente sufriremos una invasión alienígena que paralice el tema?). Unos le boicotean al estilo Kate Moss (y, nunca mejor dicho, lo pagan caro); otros le tienden la mano. Y mientras, el resto comentamos.

No deja de ser curioso que nos levantemos de la silla por cosas que nos cuentan otros y no por cosas que vemos a diario. Internet tiene la culpa, que diría la señora que (re)compró una entrada falsa, a precio de otro, para que su niña viera a Lady Gaga en acción. Propongo que, para compensar la catástrofe, la traigan de nuevo para que dé las campanadas de fin de año. O mejor, que lo haga en el AVE a Valencia, acompañada de Genoveva (aspirante a Vargas Llosa) para después dar paso al primer anuncio de 2011: por supuesto, el del Ministerio de Sanidad. La cadena elegida sería CNN+. A lo mejor con esto conseguimos una inyección de dinero que impida su desaparición. A situaciones deseperadas, ya se sabe.

Los controladores lo intentaron también en el último momento, prometiendo un alto el fuego en las fechas calientes, pero a ellos les salió mal. O eso parece, porque luego nunca se sabe. Ahí están La Sexta e Intereconomía haciendo manitas bajo la mesa cuando nadie podía esperárselo, o Catar (antes, Qatar) organizando un mundial de “fúrgol” (Villar dixit). Será que la prima de riesgo y el bono alemán lo están revolucionando todo, pero están ocurriendo cosas extrañas como éstas en las últimas semanas. Yo no digo nada, pero Italia vuelve a Eurovisión y Toni Cantó dice que se presta a ir en la lista de Rosa Díez. Si el mundo se va a acabar hemos de estar preparados; y, sobre todo, debemos contarlo bien (para eso está la Fundeu).

PD: rey. papa. (Siempre quise poner esto en minúscula).

Tralarí, tralarí

Creo que a partir de ahora todos deberíamos empezar nuestros escritos con el clásico “It is with great sadness that…”, que queda muy cool y adorna a la par que transmite. ¿El qué? Pues buena pregunta. Quizá el abuelo de la ikastola soltó la frase al llegar a casa y descubrir que se había llevado a otro niño. Pobre. Eva Longoria y yo se la prestamos también a Zapatero en su versión pesimista. No se respira alegría en el ambiente.

¿A quién no le crea desasosiego que Partido Popular y Gobierno se enzarcen a lo P.Tinto con el asunto de El Aaiún?: en el Congreso, en el Senado, en el despachito de la fábrica (tralarí, tralarí), etc. Entre tanto reproche sólo se atisban un par -a lo sumo tres- de intenciones sinceras. Ponchos y responsabilidades político-administrativas aparte. Una pena. Puedo entender la prudencia, aunque la diplomacia saca muchas veces de quicio.

Por eso me sorprendió que Pons y Uriarte, entre otros, marcharan tras una pancarta que gritaba que Marruecos es un Estado genocida. ¿Se darían cuenta? No había, por contra, nadie relevante del PSOE salvo Elorza. ¿Se darían cuenta? El conflicto del Sáhara es viejo, como las momentáneas ganas de protagonismo que a veces nos pueden, y me incluyo, a los periodistas. Esos incómodos profesionales que sulfuran al líder (e hijo). Así es.

Es inconcebible que aún haya quien crea que por censurar se va a dejar de informar, o peor, que vamos a dejar de saber qué pasa. Estamos en el siglo XXI, en el que la red social más usada del mundo parirá un correo electrónico que para mi abuela, la que cree que Internet tiene algo de maligno, la que me pide que pregunte sobre cosas varias “a quien te conteste” en el netbook, seguirá siendo nada más que una arroba (la de toda la vida).

Está claro que se trata de algo generacional. Como la caligrafía y la twittergrafía o Cruella de Vil y el iPañal (WTF!). Abismos de la sociedad. Nos enfrentan, nos hacen elegir entre Lady Di y Letizia, entre Kurosawa y Kawasaki, entre Portugal e Irlanda. Aunque lo tenemos más fácil que la Unesco sopesando qué es Patrimonio Cultural Inmaterial (?), quitándole trabajo a Ferrán Adriá y renombrando -deconstruyendo- la dieta mediterránea.

Muy de Berlanga, por cierto, lo del flamenco, los tertulianos y los orgasmos en Cataluña. Queramos o no, el Made in Spam -perdón, Spain- lo llevamos bien cosido, como las iniciales de las camisas de Bono (en efecto, J.B.), con el que compartí café y croissants esta semana. Admiro la paciencia con la que modera esos plenos teatrales y hasta lo veo -ojalá- presidiendo un debate sobre la #redneutral, buscando -como tantos- el concepto en su iPhone 4.

Petit Point

Por obra y gracia de los señores de la ortografía tendré que estar unida a mi exmarido para siempre jamás. No es justo, aquello que escribíamos bien nos lo cambian; lo que nos provoca duda constante, es intocable. Les gusta vernos titubear. Los imagino leyendo desde la nave nodriza, sentados y con sus iPads del futuro en las rodillas (nuestros) textos equivocados, maquinando: este, ese, el de más allá. No saben lo que han hecho: eta=y=ye. Ahí lo dejo.

Podría tratarse, por qué no, de un globo sonda. Como lo de Rajoy y la Ley de matrimonios homosexuales. Como lo de la homeopatía. Acabaremos viviendo de tanteos más que de hechos ciertos, y eso nos hará virtuales del todo y nos librará de culpa. No importa si matamos a alguien por error o criticamos con saña (y razón) a la familia real de pega. Las palabras se las lleva el Tweetdeck, que ahora va a toda pastilla. Papel, para qué te queremos.

Pues para nada, según Negroponte (gorro en cabeza). Augura el experto la desaparición del gremio impreso en 2015, así como la del colectivo microbloguero, cuando sea. Decidido: hay que preguntar a una tal Belén Menéndez, así, con el apellido materno, o al visionario de pro Alcaraz, que va y se concentra contra las “treguas trampa” el mismo fin de semana de los EMA, la llegada de la Copa del Mundo a Andalucía y la visita papal. Eso es estrategia.

En vez de ir a lo grande debería dedicarse al petit point. Micropolítica, por ejemplo, que es lo que practicará el candidato Lissavetzky si llega a ser alcalde de la capital, según nos contaba a unos pocos recientemente. Golpes certeros, como los republicanos en las vigas demócratas. Con Obama contra las cuerdas ya no sabemos si el mundo cambió algo en estos 22 meses o ha sido un espejismo urdido por Darwin, Mendel y demás herejes titulados. Salud y libertad.


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