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Filosofía, truco o trato

Nos extrañamos de que la diplomacia y los servicios secretos hagan (bien o mal) su trabajo. ¿Que se exceden? Claro. ¿Que no son lo que aparentan? Por supuesto. Si no, no sacarían nada aprovechable de este mundo de suspicacias políticas y poderes fácticos; si no, no tendrían los Estados sus estrategias y movimientos de ficha preparados para pisotear al de enfrente. Conocer cómo se las gastan, no obstante, es indispensable para saber a qué atenernos.

Las filtraciones de Wikileaks nos devuelven la emoción de la Guerra Fría, cables mediante, y nos recuerdan que aún hay dónde rascar. De paso, además, nos tiran del pelo a los del gremio (periodístico) poniéndonos en bandeja los datos que no somos capaces de conseguir. ¿O no queremos hacerlo? Duda razonable. Es un estímulo, pero también un cómodo servicio externalizado al que muchos podrían acostumbrarse. Hay que tener cuidado con eso.

Y con lo que se nos da. Para eso estamos, para decidir si las fuentes que dicen que Ali Khamenei padece un cáncer terminal son solventes; o para interpretar correctamente los seguimientos a Erdogan y al hermano de Karzai y la triple cara de los gobernantes árabes. Lo de los cotilleos quedará (o no) para la anécdota si el buceo da frutos elaborados de entidad. Que los dará, gracias al buen hacer de los elegidos y de otros tantos.

El ‘pero’ hay que ponérselo ahora a Assange, reconvertido (¿por qué?) en racionador de exclusivas. Soltar en bruto tanta información, sin tratar, no es bueno, dicen algunos. Es cuestionable: ¿No era el objetivo que cualquiera pudiera acceder a los datos? ¿No era esa la filosofía? ¿En qué quedamos? Los embargos y fascículos están creando una ansiedad innecesaria en gente que a lo mejor ni siquiera se leería lo divulgado de una tacada.

Lo que está claro es que la palabra confidencial no significa nada hoy en día. Es difícil mantener algo en secreto con tantas manos tocando y tantos ojos mirando. Batman y Robin y la nueva Ortografia (de todos los Santos) lo han sufrido en sus propias carnes, de ahí el frenazo y la marcha atrás. Pudo haber sido un globo sonda también lo del sacaleches, pero ya está en las tiendas; quizá el anuncio de la izquierda abertzale, también: no lo parece.

Pero se han posicionado igual de bien que el aceite virgen, los condones y los encantos retocados de cierta presentadora, palabras clave que han colapsado días atrás telediarios y topics como cortinas de humo. ¿Hablarían de todas esas cosas los empresarios of the word? En esa mesa con forma de U se pudo hasta cerrar un tratado de paz en línea directa con Kim Jong-Il (y descendencia). Para eso gobiernan el planeta. Pura magia, que diría Matute.

Por arte de idem el PP se convierte en tercera fuerza en Cataluña y Rosa Díez obtiene menos votos que el partido pirata. El resto era previsible: Mas da saltitos de alegría a pesar de la soledad. Si Leslie Nielsen hubiera hecho una película sobre las elecciones habría sacado un partido tremendo al material audiovisual de la campaña, pero también a la próxima cumbre del G-20. Imaginemos a todos esos líderes, cara a cara, después de lo de Wikileaks…

El único que se salva de la quema sigue siendo el Rey, al que ya le van dedicando amplios reportajes premonitorios por sus 35 años de reinado. Pero ese ya es otro tema…

(II)

* Hagamos un comentario, por si no quedaba claro. Lo que está haciendo El País es un trabajo magnífico y ha tenido la suerte de ser uno de los elegidos, como he dicho anteriormente. Por otro lado, no hacerse eco o menospreciar una información de este tipo es un error, a mi juicio. Y que Wikileaks lo haya pasado a ciertos medios hace algunas semanas, además de ser una decisión propia y respetable, es una buena manera de que los datos se ofrezcan a la gente de forma analizada y desgranada, además de filtrada con rigor periodístico.

Otra cosa muy distinta es que Assange y compañía hayan decidido, esta vez, no colgar el material el bruto en sus servidores, no ‘liberarlo’ para conocimiento general al tiempo que han empezado las publicaciones en la prensa, siendo que esa era su filosofía inicial: y hablo siempre en relación al ciudadano de a pie, no en relación a los demás medios o a los periodistas. Aún no sé si estoy de acuerdo con esta estrategia, de ahí el post.

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Tralarí, tralarí

Creo que a partir de ahora todos deberíamos empezar nuestros escritos con el clásico “It is with great sadness that…”, que queda muy cool y adorna a la par que transmite. ¿El qué? Pues buena pregunta. Quizá el abuelo de la ikastola soltó la frase al llegar a casa y descubrir que se había llevado a otro niño. Pobre. Eva Longoria y yo se la prestamos también a Zapatero en su versión pesimista. No se respira alegría en el ambiente.

¿A quién no le crea desasosiego que Partido Popular y Gobierno se enzarcen a lo P.Tinto con el asunto de El Aaiún?: en el Congreso, en el Senado, en el despachito de la fábrica (tralarí, tralarí), etc. Entre tanto reproche sólo se atisban un par -a lo sumo tres- de intenciones sinceras. Ponchos y responsabilidades político-administrativas aparte. Una pena. Puedo entender la prudencia, aunque la diplomacia saca muchas veces de quicio.

Por eso me sorprendió que Pons y Uriarte, entre otros, marcharan tras una pancarta que gritaba que Marruecos es un Estado genocida. ¿Se darían cuenta? No había, por contra, nadie relevante del PSOE salvo Elorza. ¿Se darían cuenta? El conflicto del Sáhara es viejo, como las momentáneas ganas de protagonismo que a veces nos pueden, y me incluyo, a los periodistas. Esos incómodos profesionales que sulfuran al líder (e hijo). Así es.

Es inconcebible que aún haya quien crea que por censurar se va a dejar de informar, o peor, que vamos a dejar de saber qué pasa. Estamos en el siglo XXI, en el que la red social más usada del mundo parirá un correo electrónico que para mi abuela, la que cree que Internet tiene algo de maligno, la que me pide que pregunte sobre cosas varias “a quien te conteste” en el netbook, seguirá siendo nada más que una arroba (la de toda la vida).

Está claro que se trata de algo generacional. Como la caligrafía y la twittergrafía o Cruella de Vil y el iPañal (WTF!). Abismos de la sociedad. Nos enfrentan, nos hacen elegir entre Lady Di y Letizia, entre Kurosawa y Kawasaki, entre Portugal e Irlanda. Aunque lo tenemos más fácil que la Unesco sopesando qué es Patrimonio Cultural Inmaterial (?), quitándole trabajo a Ferrán Adriá y renombrando -deconstruyendo- la dieta mediterránea.

Muy de Berlanga, por cierto, lo del flamenco, los tertulianos y los orgasmos en Cataluña. Queramos o no, el Made in Spam -perdón, Spain- lo llevamos bien cosido, como las iniciales de las camisas de Bono (en efecto, J.B.), con el que compartí café y croissants esta semana. Admiro la paciencia con la que modera esos plenos teatrales y hasta lo veo -ojalá- presidiendo un debate sobre la #redneutral, buscando -como tantos- el concepto en su iPhone 4.

Petit Point

Por obra y gracia de los señores de la ortografía tendré que estar unida a mi exmarido para siempre jamás. No es justo, aquello que escribíamos bien nos lo cambian; lo que nos provoca duda constante, es intocable. Les gusta vernos titubear. Los imagino leyendo desde la nave nodriza, sentados y con sus iPads del futuro en las rodillas (nuestros) textos equivocados, maquinando: este, ese, el de más allá. No saben lo que han hecho: eta=y=ye. Ahí lo dejo.

Podría tratarse, por qué no, de un globo sonda. Como lo de Rajoy y la Ley de matrimonios homosexuales. Como lo de la homeopatía. Acabaremos viviendo de tanteos más que de hechos ciertos, y eso nos hará virtuales del todo y nos librará de culpa. No importa si matamos a alguien por error o criticamos con saña (y razón) a la familia real de pega. Las palabras se las lleva el Tweetdeck, que ahora va a toda pastilla. Papel, para qué te queremos.

Pues para nada, según Negroponte (gorro en cabeza). Augura el experto la desaparición del gremio impreso en 2015, así como la del colectivo microbloguero, cuando sea. Decidido: hay que preguntar a una tal Belén Menéndez, así, con el apellido materno, o al visionario de pro Alcaraz, que va y se concentra contra las “treguas trampa” el mismo fin de semana de los EMA, la llegada de la Copa del Mundo a Andalucía y la visita papal. Eso es estrategia.

En vez de ir a lo grande debería dedicarse al petit point. Micropolítica, por ejemplo, que es lo que practicará el candidato Lissavetzky si llega a ser alcalde de la capital, según nos contaba a unos pocos recientemente. Golpes certeros, como los republicanos en las vigas demócratas. Con Obama contra las cuerdas ya no sabemos si el mundo cambió algo en estos 22 meses o ha sido un espejismo urdido por Darwin, Mendel y demás herejes titulados. Salud y libertad.

Ideas frescas

Rubalcaba tiene dos despachos, dos. Es algo que me desconcierta. Me pregunto dónde pondrá el marco de foto y si él mismo presidirá desde un cuadro las estancias, como vigilándose. Si los tendrá igual de (des)ordenados; si se sentirá cómodo en ellos. Deberían cambiarle, para empezar, las espantosas y dieciochescas carteras negras, de cierre dorado, por una mochila con ruedas, porque la cantidad de apuntes que va a generar podrían constituir el próximo fascículo de Wikileaks, que está consiguiendo que Irak nos se nos vaya de la mente. Y eso que, según  Mikel Ayestaran, está teniendo “la posguerra peor cubierta” ever.

Julian Assange debería dejarse de CNN(s) e ir a La Noria, que es paso obligado si uno quiere ser alguien en la vida, política o no. Sin haber visto la intervención estelar de Montilla, ardo en deseos de saber si le han tirado de la lengua sobre Scarlett Johansson, que hubiera sido lo suyo, vamos. Ahí está, en la red social, una instantánea del encuentro en cierta entrega fashion de premios; sin trucar ni nada. No como la película, cuyos gemelos son, me entero, producto de la postproducción, como algunos (los menos) de los nuevos ministros. No me gusta, por cierto, la mofa o lo que sea hacia las lágrimas de Moratinos. No.

Ni lo que nos hizo trabajar, filtraciones aparte, Zapatero con la sorpresita. De nuevo volvimos en las portadas digitales a poner caritas y cruces tachando intrahistorias, como con los mineros: uno fuera, otro dentro. (Min)istros (Min)eros. ¿Lo siguiente? Olvidando a Otegi, cuya entrevista se publicó en la semana equivocada, el próximo notición tendría que venir (con v, de Vizcaya), por estadística, de Rusia, que están muy callados últimamente allí. Por comentar. Pero, o es algo muy gordo o nos interesará lo mismo que la influencia maligna de Google Instant en el SEO. Según Bernardo Hernández, no existe. Me quedo más tranquila.

El director de productos emergentes de la compañía tecnológica estuvo un par de horas en Madrid el pasado viernes y (nos) soltó ante una audiencia pequeña y agradecida uno de los grandes titulares gurús de la crisis: “España es un país de bares, mercerías y ultramarinos”. Es decir, como apunta Forges, nos habríamos convertido en repartidores de “nadas” a domicilio. En concreto, a ese que el cargo de la empresa con más vicepresidentes que portavoces tiene ahora nuestro Ejecutivo enseñó en la tele no hace mucho. Desde luego, tener esa nevera llena de nada es un verdadero desperdicio. Llenémosla, aunque sea, de ideas.

Satisfacción

(…)

(18 mineros rescatados)

Abuchear en festivo mola. Es igual que hacerlo en un día normal, por la legitimidad y eso, pero después te puedes ir de cañas. “Que se vaya a Venezuela”, espetaba ante las cámaras a Zapatero un chico sonriente de veintitantos el 12-O(qué), día del desfile de autoridades y reales vestimentas protocolarias. Todo fue culpa del buen tiempo, si hubiera llovido no estaríamos hablando de Revilla ni del señor “indispuesto”, al que nadie ha buscado para hacerle una entrevista. Él sí tiene derecho a expresarse, que no le han dejado trabajar.

Seguro que cuando el soldado cumpla los 55 -si es que es menor- desvela en sus memorias la intrahistoria de lo ocurrido. Igual nos enteramos de que era mujer, o de que le gustaba V, como a Condoleezza (Rice). Qué #miedo. De todas formas, resultó ser uno menos también para las cuentas, que estamos en crisis y lo de ahorrar militares ha sido un punto. No nos vayan a acusar de estrechar amistades con sotanas blancas o firmar contratos sin mirar. Y dicho esto, me preocupa seriamente que Susan(tidad) se haga presente de nuevo en este blog.

(19 mineros rescatados)

Esta semana el empacho, más que eclesial, ha sido nobelesco. Hasta en la sopa, con perdón, hemos tenido a las virtudes literarias de Vargas Llosa: no tanto a la Paz, y mucho menos a la Física, que de eso no entendemos nada (ni de lo que nos pasa con China, a ver). Sí de disputas a lo Calderón/Góngora con alguna metida de pata virtual de por medio; el pobre Gabo no parece que esté para ciertos trotes dialécticos. Tampoco para hacer competencia al fútbol en los medios, que para eso se basta solito Villa, cuando quiera y como guste.

Meter goles a placer debe reportar tanta satisfacción como intentar empapelar al juez Garzón o a Sir Sean Connery en la operación Goldfinger (festival del humor). Quizá Roger Moore, al que pillé durante la Fiesta Nacional persiguiendo una pistola de oro, se esté partiendo de la risa. Seguro que juega en casa a doblar las películas del otro James Bond con la técnica que (en la cresta de la ola) Flo utilizaba en El Informal. Todos deberíamos probarlo, como versionar a Nirvana. La felicidad está en las pequeñas cosas.

(20 mineros rescatados)

(20 mineros, y Yonni Barrios, rescatados)

(…)

Ponerse las pilas

Un par de horas antes de que diera comienzo el 29-S la gran manifestación sindical en Madrid, sólo los pasquines de llamada al paro emergían del asfalto en el centro de la capital como testigos mudos de la movilización pre y post. Curioso que el papel aún juegue un idem fundamental en la motivación de la gente, o que al menos lo repartamos por ahí como análogo de consignas vía tweet o sms, que un día estuvieron de moda para esto. Curioso resulta también que algún periódico se publicara, con portada excepcional, en versión física, y no en la digital, el día de autos. Por un momento, el pasado se hizo presente.

Lo pensarían unos cuantos viendo además, horas después, las imágenes del sitiado Correa y a Isabel Pantoja entonando con garra el “Hoy quiero confesaaar” que abrió según qué telediario al conocerse que la (operación) Malaya iba a ser su peor pesadilla. El que no duerme muy bien estos días es el alcalde de Moncloa; claro, sueña con primarias, reformas y montillas, y no siempre por este orden. No sabe a quién hacer más caso, al ángel o al demonio. Menos mal que aún puede distraerse cuando llega a casa y pone la televisión, de realities llena y ciclistas con problemas repleta. Pensando en ser el próximo anfitrión de ¿Quién vive ahí?

Los sondeos (le) auguran un futuro (in)cierto, aunque el “ya veremos”, que propugna desde el sitio periodístico José Luis Orihuela, está aún arraigado en las voluntades partidistas, en general. Nadie quiere estrellarse ni, mucho menos, pretende matarse, a lo Segway, manejando su propio invento. Los que informamos tampoco, por eso, como quedó claro en la última de Café y Periodismo: necesitamos llevar cabo un repaso constante de lo que hacemos, saber qué regates debemos construir ante la caída de un modelo caduco al segundo, entender que la angustia es la que nos guía. Replantearnos el ‘cómo’; porque el ‘qué’ lo tenemos claro.

¿Hablamos de política o de periodismo? Quizá de uno, o quizá de los dos. Las herramientas del presente son, en cualquier caso, las que facilitarán que dentro de unos años no hayamos perdido el norte, que nuestra “firma” cruce fronteras invisibles y la identidad personal no quede difuminada en una maraña de lemas, editoriales o ministeriales. Todo esto, para que conste, está bendecido por el Altísimo, por Mario Tascón y por Virginia Pérez Alonso, entre otros expertos. Pero que no cunda el pánico, en la famosa libreta del editor de Diximedia no había escritas frases bíblicas, sino pautas para salvar la “desintermediación”: fuentes.

Ideas, suponemos, también. ¿Conclusiones? Pues modelos ideológicos y de negocio descartados y con Murdoch y Orbyt en otra dimensión -ojo al Nonprofit journalism-, el debate inconcluso tira por la oportunidad del momento. Carpe Diem, Si bebes no conduzcas, Póntelo, pónselo, ya sabéis. Aunque nos equivoquemos y después todo nos suene, inconscientemente, a lo mismo. Aunque, parece mentira, acabemos hablando (otra vez) del pasado y de la I Guerra Mundial. Hagamos penitencia comunitaria en el próximo sarao endogámico y dejemos por sorpresa, como Twitter, los contadores a cero. Si no nos ponemos las pilas acabaremos enterrados vivos.

Urnas calientes

Los delirios febriles no han hecho estos días más que devolverme a la mente las imágenes del aficionado osado que gritó “¡Aúpa Athletic!” en la final del US Open de tenis. Seguro que eso nadie lo hubiera hecho ante Esperanza en el Debate de la Región (de Madrid) o frente a Zapatero en el pleno sobre Afganistán en el Congreso; desde un escaño cualquiera, desde una posición indiferente, para rebajar tensiones y plantear alternativas al ombliguismo político que emerge con la intención puesta en unas urnas más calientes que los sindicatos. No hay huevos, que habría exclamado, con voz insigne, Labordeta.

Muy a su pesar, casi seguro, el político y cantautor se ha convertido en trending topic mundial este domingo. Por encima del Papa, que probablemente si hablara de fútbol ablandaría a tanto anglicano (y cristiano) cabreado. Una cortina de humo con forma de Mourinho, por ejemplo, le habría venido de perlas en Westminster. Inquietante ha sido ver a Benedicto en varios directos televisivos repartiendo disculpas, palabras rebajadas y comentarios en corrillo con la reina británica, como si estuviéramos asistiendo a una reunión improvisada de dos señoras que. ¿Llegará el día en el que este hombre deje de justificarse? Lo dudo.

Podrían contratarle como representante de Penélope Cruz (una idea) o para convencer al personal de las bondades de la ley anti tabaco vasca y, en breve, de todo el país. “Queridos amigos, no podéis fumar en vuestos coches, sólo de esta manera lograremos una sociedad unida y respetuosa con los valores únicos”. Tampoco le vendría mal una ayudita divina a Sarkozy, tocado por el tema gitano; su plumero se le ha visto más grande de lo normal, como a Europa, que calla y otorga. Nadie es capaz de ponerle en su sitio, ni a él ni al presidente rumano, que se lava las manos con la pobreza de sus súbditos.

¿Y qué dice Carla Bruni? De momento, nada. Habría que juntarla un día con Carmen Lomana, cuyo programa estrella terminó, para que hablaran un día de cultura (en) general. Por cierto, que la ganadora de la corona es de Parla: yo no digo nada, pero igual un tal Gómez ha tenido que ver. A nuestro alrededor todo son conspiraciones. Por eso ha tenido que salir, de nuevo (un post después), la banda terrorista a completar el discurso; no entiendo muy bien la sorpresa indeleble de algunos que, aun estando bien informados, no comprenden. Habrá más comunicados, habrá un largo proceso sin cronómetro, aunque nos desespere.

Igual hasta cae uno en 29J, mientras los abuelos que cuidan de sus nietos escuchan por la radio el manifiesto avatar (Méndez dixit) o ciertos sectores se frotan las manos viendo hordas de liberados/vagos incondicionales gritando consignas contra el Gobierno y la crisis mundial. Lo explica en su último libro Nicholas G. Carr, nos hemos vuelto todos unos superficiales, y la culpa la tiene Internet. ¿Qué podemos esperar, como dice un buen amigo, de un país que escribe ‘Google’ en Google para entrar en Google? Que no se enteren ni Sarah Palin ni su alumna aventajada, Christine O’Donnell, que las tenemos aquí haciendo campaña a la de ya.


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