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Croquis mental sobre Cataluña

Dilatoria o no, la estrategia del Gobierno central de caramelizar con una ‘pregunta’ el paso previo al artículo 155 abunda en el lío creado por el discurso de Carles Puigdemont en el Parlament.

¿Qué pasó? (¿Qué pasa desde hace semanas?). Nadie parece saberlo a ciencia cierta, ni dentro ni fuera del procés (ERC dice que la independencia se proclamó; Catalá asegura que no; Rivera y Sánchez, que sí; la CUP pide que se haga cuanto antes; etc.).

¿Es todo real o postizo? Suponemos que el president y su círculo más cercano, al menos, lo tienen claro, pero mientras la luz aparece necesito deshacerme de este croquis mental.

La DUI o “No saben que sabemos que saben que lo sabemos”

1.- El artículo 4 de la Ley del Referéndum de Cataluña, aprobada por el Parlament el pasado 6 de septiembre, dice que si en la consulta hay (hubiera) más síes que noes, eso “implica la independencia”. O sea: que ha de declararse, que se declarará, porque se ha determinado, por parte de quien ha redactado la norma, que dicha consulta “es vinculante”.

2.- También reza que en los dos días siguientes a proclamarse oficialmente los resultados del 1-O (fue el 6-O), se celebrará (celebraría) una sesión ordinaria en el Parlament para “efectuar la declaración formal de independencia, sus efectos y acordar el inicio del procés”.

3.- Por tanto, en el momento en el que Puigdemont subió a la tribuna del Parlament, el martes 10 de octubre, los resultados del referéndum ‘implicaban’ (vinculante) la independencia, pero faltaba la “declaración formal”.

4.- El president ‘asumió el mandato’ de las urnas de que Cataluña “se convierta en un Estado independiente” (es decir, como jefe del Ejecutivo liderará e impulsará el proyecto dentro de sus funciones) y, en nombre del Govern y en el suyo propio, pidió a la Cámara (es decir, el legislativo, el que decide y da el visto bueno) que “suspenda (suspendiera) los efectos de la declaración de independencia”.

5.- En aquella sesión ordinaria no hubo declaración formal por parte del Parlament -ni del president, aunque algunos creen que sí-, ni ‘acuerdo’ de nadie para dar por iniciado el procés ni suspensión de ninguna declaración. Ni siquiera el pleno fue convocado para eso.

6.- La declaración formal, si no iba a haber votación (no está contemplada en la Ley del Referéndum), tendría que haberla leído, en todo caso, la presidenta Forcadell en nombre del Parlament. Varias cuestiones: 1) La Ley, es verdad, no especifica quién debe “efectuar la declaración”; 2) Si no hacía falta el Parlament, para qué convocar un pleno (aunque el Govern tampoco podría haber aprobado un decreto para esto, porque el Estatut sí dice expresamente que no puede hacerse en caso de reforma del Estatut); 3) Podría entenderse en la Ley del Referéndum que el pleno se convoca solo para escuchar al president; 4) Pero si una suspensión necesita del Parlament, ¿por qué una aprobación/declaración no?; 5) Un ‘acuerdo’, por otro lado, conlleva varios actores, es decir, al menos la Mesa sí tendría que haberse reunido y votado.

7.- Recurramos al reglamento de la Cámara. Las declaraciones -institucionales- del Parlament (“…el Parlament de Catalunya…celebrarà una sessió ordinària per a efectuar la declaració formal…”), según el artículo 166, son las “acordadas unánimemente por el presidente y por la Junta de Portavoces”. Se tienen que publicar en el Boletín Oficial del Parlament y “son leídas en sesión plenaria o en la comisión correspondiente…”.

8.- Por otro lado, el artículo 168 dice sobre las propuestas del Gobierno (“…el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda…”) que si este remite al Parlament una propuesta “con relación a la cual la ley exige que el Parlamento se pronuncie antes de la decisión administrativa”, la Mesa ordena su publicación y, oída la Junta de Portavoces, decide si debe ser tramitada por el Pleno o por una comisión legislativa.

9.- Sobre la adopción de acuerdos (“…i acordar l’inici del procés constituent.”), el reglamento dice en el artículo 89 que “el Parlamento debe hallarse reunido según lo establecido por el Reglamento, y con la asistencia de la mayoría absoluta de sus miembros.”. Y, a continuación, habla de votación.

10.- Un apunte, solo como ejemplo. En la ley nacional de 1980 de regulación de las distintas modalidades de referéndum, sobre la reforma de estatutos de autonomía, se dice: “El Estatuto se entenderá aprobado cuando obtenga en cada provincia mayoría de votos afirmativos de los válidamente emitidos…”. A continuación, la Constitución prevé que sea “elevado a las Cortes Generales” para su ratificación. Es decir, en este caso, tras el referéndum y a pesar de que, como es vinculante, si hay mayoría se da por “aprobado” (“implica la independencia”), aún se da la última palabra a los parlamentarios.

11.- Volvamos a la declaración. ¿Qué declaración? Pues el documento que se firmó, después del discurso y de las intervenciones de los portavoces, fuera del pleno y que, por tanto, no tiene una validez más allá que la de representar el compromiso de los grupos independentistas con el proceso que habían pedido suspender minutos antes (aunque sobre esta validez también hay discrepancias). Ese documento que no se leyó dentro del Hemiciclo y que declara la independencia. Evidentemente, el texto no incluye la suspensión; no procedería al ser una petición aparte y de naturaleza ulterior.

12.- Sobre la suspensión. Las dudas, en efecto, se disparan ahí. Si se piden suspender los efectos de una declaración que no se ha producido (Iceta, muy ágil, dixit), entonces esperamos que en algún momento (días, semanas) el Parlament declare formalmente la independencia con el documento ya firmado como base y después se vote la suspensión. ¿Tendría que convocarse otro pleno (ver apartado 8) o reunirse la Mesa? ¿Cuándo? (Los días 18 y 19, por cierto, hay prevista sesión plenaria en el calendario).

13.- Al mismo tiempo, al no haberse producido una declaración formal, es posible que Puigdemont se refiriera con ‘los efectos de la declaración’ al puro carácter vinculante de la consulta (ver apartado 10), es decir: ha salido el sí y eso implica la independencia, pero os pido que todo lo previsto para después quede en suspenso. O sea: suspensión a priori, no a posteriori, aunque la palabra “efectos” implique un después y no un antes. Esta es la opción más probable, teniendo en cuenta que el Parlament no ha dicho ni palabra desde entonces.

El requerimiento soft o “entre comillas”:

14.- El Gobierno ha dado el primer paso para aplicar el 155 de la Constitución. Ha mandado un requerimiento a Puigdemont, como contempla el artículo.

15.- Pero no lo ha activado aún y lo reconoce: “…es deber del Gobierno de la Nación… proceder a activar la aplicación del procedimiento para la aplicación del artículo 155 de la Constitución en caso de que no se atienda este último requerimiento…”.

16.- El requerimiento, como tal, se coloca en segundo plano (es un requerimiento, digamos, no al uso y en dos pasos) tras una aclaración decisiva que el Gobierno demanda a Puigdemont y que resulta igual de confusa que la declaración del president en el Parlament.

17.- Dice el documento: “Si dichas actuaciones… son consideradas por el Presidente de la Generalidad constitutivas de la declaración de independencia de Cataluña esté o no en vigor…”. Un momento. ¿”Esté o no” en vigor? ¿Está o no en vigor? Es decir, si la independencia no está en vigor pero Puigdemont contesta al Gobierno que sí, ¿solo eso valdría para activar el 155? ¿No habría que determinar antes si lo está o no? ¿Lo está? ¿No sería eso reconocer que el ‘no referéndum’ habría sido válido y vinculante? ( Ver 21).

18.- Si se hubiera declarado la independencia… ¿no habría entrado en vigor la Ley de Transitoriedad? ¿No sería esta ya la “norma suprema”? Y, teniendo en cuenta que esta Ley fue suspendida por el TC, ¿de qué serviría haber declarado algo si no entra en vigor nada? Lo dijo al día siguiente el TSJ, “ninguna declaración” tiene valor jurídico.

19.- Las medidas a llevar a cabo por el Gobierno si se activa el 155, mediante la participación del Senado, tampoco se detallan. Es más, la vicepresidenta del Gobierno rechazó hablar de ellas el pasado viernes tras el Consejo de Ministros. El artículo, como muchos de la Constitución -recordemos la abdicación-, es sucinto.

20.- Hay otra cosa que no quiso contestar. ¿Y si el president dice al Gobierno que declaró la independencia pero después la suspendió?, le preguntaron. ¿Activarían el 155? La pregunta tiene un error de base, porque el president no suspendió nada, sino que lo pidió. El texto del requerimiento, en cualquier caso, es más claro que SSS: 1) “…la ausencia de contestación y/o cualquier contestación distinta a una simple respuesta afirmativa o negativa se considerará confirmación…”. O sí o no, eso quieren. 2) “…esté en vigor o no.”. Aquí está. Supongamos que la declaró y la suspendió. Para el Gobierno sí se habría declarado, sin importar que después se suspendiera y que, por lo tanto, no estuviera en vigor.

21.- Ojo, que el Gobierno llama “actuaciones extraparlamentarias” a la firma del documento de declaración de independencia. Reconoce, por tanto, que se produjo fuera de pleno.

22.- Es interesante lo que apunta el periodista Pedro Vallín. ¿Ha habido realmente tras el 1-O algún acto jurídico que suponga desobediencia a las resoluciones del TC? ¿Tendría que haber actuado el Gobierno antes? ¿Caducó el “momento procesal”?

23.- Esto del abogado David Maeztu también es interesante. ¿Y los jueces?

Todo ha sido suspendido o el “país de fantasía”:

24.- El carácter vinculante del referéndum responde a una decisión unilateral.

25.- El Tribunal Constitucional suspendió cautelarmente en julio la reforma del reglamento del Parlament que permitía la aprobación por lectura única de las leyes del Referéndum y de Transitoriedad. Anuló, el 20 de septiembre, los acuerdos de la Mesa del Parlament de los días 6 y 7 de septiembre que permitieron tramitar la aprobación de dichas leyes. Antes de eso, había suspendido cautelarmente las mismas leyes. Suspendió también la convocatoria del pleno del 9-O en el que Puigdemont se disponía a valorar los resultados del 1-O.

26.- Se convocó un nuevo pleno para el día siguiente, 10 de octubre, que no se suspendió. El motivo de la convocatoria fue hablar de ‘la situación política actual´.

27.- Los miembros de la Sindicatura Electoral -órgano cuya creación establecía la Ley del Referéndum para controlar la consulta-, el número dos de Oriol Junqueras, Josep María Jové, y una responsable de la administración electoral, Montserrat Vidal, fueron multados por el TC. Al día siguiente, 22-S, todos los síndicos dimitieron y Jové fue cesado.

28.- O sea, la Sindicatura Electoral, tal y como mandaba la Ley del Referéndum, no fue quien proclamó los resultados. Lo hizo, directamente, la Generalitat.

29.- La Junta Electoral Central dijo en una nota que los resultados del 1-O no tenían validez y que ese día no se celebró ningún referéndum. Hay que recordar que el propio presidente del Gobierno dijo el mismo 1-O que todo había sido una “mera escenificación”.

30.- El Parlament ha decidido personarse en los procedimientos abiertos en el TC contra las leyes del Referéndum y Transitoriedad y contra la designación de los miembros de la Sindicatura, pero también ha decidido no formular alegaciones.

31.- Si no tienen validez las leyes de desconexión, ni los acuerdos del Parlament, ni el referéndum, ni sus resultados, ni hay Sindicatura Electoral… si, como consecuencia, no es posible declarar la independencia ni dejarla en suspenso, aunque no se hiciera… si el requerimiento del Gobierno se basa en cosas que no se han hecho… ¿WTF?

Otras consideraciones o “acción y reacción”:

32.- El lunes 16, día en el que Puigdemont debe contestar a ‘la pregunta’, vuelven a declarar por sedición el mayor de los Mossos y los presidentes de la ANC y de Òmnium en la Audiencia Nacional.

33.- ¿Qué fue de la causa del TSJ de Cataluña por desobediencia, malversación y prevaricación contra Puigdemont y el Govern? Por otro lado, no parece que una acusación contra el president por rebelión salga adelante de forma paralela y en otro tribunal.

Todo esto es una reflexión incompleta y nada más.

Yippee-ki-yay.

 

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Con gafas negras

Ahí estaba yo. Con mi cara de pensar y algún kilo de más. Aquella camiseta ya no existe; las gafas, las más grandes que he tenido nunca, tampoco. Eran estas últimas perfectas para el camuflaje, o eso pense al ver las cámaras enfocando a la fila de personas en la que me encontraba, pero resultó que en un plano sostenido de agencia servían muy bien para enseñar tristeza. A ver, algo de nostalgia había, pero era una cuestión platónica y secundaria, ya que mi misión era puramente laboral. Las televisiones replicaron aquello y yo no pude hacer nada más que explicar a la gente que me llamó que había ido a cubrir la capilla ardiente de Antonio Vega. Lo que no sabían es que un año y poco antes había hablado con él un rato. “Paso más tiempo dentro de mí mismo que fuera”, me dijo. Lo entrevisté junto a su primo, Nacho García Vega, por aquel Tour 80-08. Reiniciando, algo breve y promocional. Melenón y cara consumida, sin pestañeo en las preguntas y con argumentos en las respuestas. No soy mitómana, nada de nada, pero ahí pedí una firma contraviniendo mis propias creencias. Esto ha ocurrido tres veces en mi vida: las otras dos, creo recordar, con Iñaki Gabilondo y Gomaespuma. Me acuerdo perfectamente de la habitación del hotel de Las Letras y de la foto en la ventana, hecha por Jorge París. Me habría quedado un lustro. En todo eso pensaba en la cola para entrar en la sede de la SGAE, donde fue la capilla ardiente. Después vinieron las palabras de José Ángel. Hoy se cumplen seis años de la muerte del cantante y compositor madrileño. Y de paso, apostillo a Héctor.

El señor de Oviedo

“Pues va a tener usted razón”, asumí. El hombre sonreía a mi lado mientras apuntaba en una libreta dos números, uno encima del otro. Eran los kilómetros por hora del tren. Una era la velocidad normal, la esperada; la otra, la máxima. 249, creo. Entendía de maquinas un rato, aunque fuera la primera vez que montaba en esa. Así que clavó la cifra y se lo alabé. Sonreía.

Le había tocado sentarse conmigo, una extraña. Los otros cuatro que lo acompañaban, un hombre y tres mujeres, hablaban sin parar una fila más allá, enseñándose fotos en un móvil y comentando el paisaje en cuatro asientos enfrentados. Él se había excluido sin discusión posible, cediéndole la charla a su esposa. No parecía incómodo por la situación.

Guardó de nuevo la libreta y el bolígrafo en el bolsillo de su camisa. Se dirigían a una boda en Oropesa. “A mi me da igual, yo voy por compromiso”, me soltó. Su fascinación por la capacidad del tren tenía una cara oculta: él había propuesto coger un avión, pero “ellas” habían decidido que no. “Yo no mando”, reconocía con la mirada. Si se lo hubiera pedido, se habría bajado conmigo en Madrid.

Me contó que estaba jubilado y que había trabajado 40 años en una mina, de vigilante. Intenté buscar en su rostro los efectos de aquello; pero nada. Yo, que tenía un auricular colgando de mi oreja izquierda, dejé el otro descansando sobre mi hombro, entre responsable y curiosa por la conversación. El señor, de Oviedo, intentaba cubrirse los pies helados por el aire acondicionado.

Estaba acostumbrado al frío, aunque todos los noviembres volviese desde El Bierzo a Asturias para pasar el invierno. Tenía descendencia en Madrid, reveló. Todo galantería, se disculpó por utilizar el brazo compartido del asiento más tiempo del necesario justo antes del parte informativo: “Eso debe ser Guadarrama”. Se le veía aliviado a pesar de las más de tres horas que tenía por delante.

Sentí de repente un toque en la mano. La esposa, desde la fila más allá, había abierto su bolso y sacado un puñado de caramelos. Yo decliné la oferta con toda mi amabilidad disponible, pero él tomó entonces la iniciativa con un “venga, son de café”. Acepté, “para después de cenar”. Quedó conforme. Y yo.

Estoy reflexionando

Estoy reflexionando. Lo hago después de cinco días trabajando y empapándome de #acampadasol. No he tenido tiempo para pensar, sólo para actuar. Muchos han creído que la sociedad lleva demasiado tiempo dándole vueltas a las cosas sin reaccionar, de ahí que haya prendido tan rápido la llama del #15M. Algunos se niegan a llamarlo movimiento, otros recelan de su supuesta alma de (ultra)izquierda. Lo que yo he visto, in situ, es un grupo heterogéneo de gente cansada del sistema que ha encontrado la oportunidad de demostrar que tiene algo que decir, aprovechando la cercanía de unas elecciones y el momento actual.

Nunca es tarde, de acuerdo, aunque hacía falta algo así, que terminara con el impasse intergeneracional, sobre todo porque la tibia resaca transicional (de Transición) dejó a unos cuantos con interrogantes sobre sus cabezas a pesar de la llegada de una Democracia con mayúsculas. Eran ganas acomodadas lo que había, un empacho tras tragarse sin pudor los desmanes del poder, sobre todo del económico, que es el que manda sobre todos los demás. No se trata de reivindicar la anarquía o el comunismo, como denuncian algunos simplistas, es un grito de atención y una reivindicación del papel de la ciudadanía, del núcleo.

Se han juntado en #nonosvamos varios colectivos que, en el fondo, quieren cosas parecidas pero, en la forma, las llevarían a cabo de forma distinta. Claro. Pero es ese fondo el que mueve la marea de #globalcamp, el que ha arrastrado a jubilados, a familias y nostálgicos de otras épocas de lucha política y social. ¿Falta de iniciativas? ¿Desorden organizativo? Cada vez menos, ojo. Cierto es que la espontaneidad de #spanishrevolution confiere una lentitud a la solidificación de sus cimientos: intentan estructurar ideas y modos de funcionar, se esfuerzan en transmitir un mensaje único, que no deje lugar a dudas; pero es una empresa costosa, con puntos flacos sobre los que se avalanzan los descreídos en lugar de esperar un final con hechos.

Por ejemplo, estos días hay propuestas en la calle sobre nacionalizar la banca o la consecución de la III República. Hay negativas furibundas, por parte de algunos, a llevar un paquete de proposiciones al Congreso de los Diputados, porque forma parte del establishment odiado, y aplausos, por parte de otros, al desafío hacia la jerarquía judicial y policial. Todo no es realizable ni práctico, aunque se discuta y valore agitando las manos en el aire en señal de acuerdo. Concretar, y hacerlo con argumentos razonados y plausibles, siempre será bueno. Así, cuando haya que pasar a la acción, no habrá fisuras.

Asistentes a la concentración subidos a un andamio

Es difícil coger un megáfono y explicar conceptos claros. Por eso cuando ellos mismos se ven reflejados en los medios de comunicación, no encuentran aquello que tienen en sus cabezas. Se enfadan. La torpeza de muchos periodistas (y no hablo ya de aquellos que desinforman, malinforman y contrainforman) ayuda más bien poco. Nosotros también hemos llegado tarde. Ellos también están hartos de nuestro aburguesamiento. Tanto monta. Quizá tengamos que ponernos todos al mismo lado de la línea divisoria, que ojalá no existiera, y pelear por reconducir esto. Cada vez observo a más profesionales compartiendo en #notenemosmiedo.

“Vas a tener síndrome de Estocolmo”, me decía hace un par de días un compañero. No lo creo, porque no es una cuestión de convencer, sino de entender. Y esto sólo puede hacerse cuando uno pasea por cualquiera de los emplazamientos de #sinbanderas y comprueba que en los corrillos no se habla de fútbol o de televisión, sino de qué vale un voto en blanco o de qué sirve la ley de partidos. Y muchos de los que debaten son muy jóvenes, adolescentes, algo que provoca una sonrisa de satisfacción en cualquiera. Ni tontos ni ignorantes. No lo son. Aunque a muchos (a mi misma) nos haga falta un pellizco en el brazo.

La teoría se ve materializada estos días en largas asambleas, comisiones temáticas y casi ciudades en plazas céntricas de todo el país. Son pequeñas civilizaciones que funcionan, de momento, por sí mismas gracias al apoyo de simpatizantes y curiosos. Es realmente impresionante cómo se han construido en pocos días calles, guarderías, talleres y cocinas. Tenemos capacidad de trabajo, eso sabemos hacerlo, si no, nos habríamos extinguido. Ahora habrá que ver si esta filosofía crece y se implanta más allá de #yeswecamp o se queda en un sueño que ha desorientado a los políticos y se ha comido su campaña.

No me gusta comparar esto con Egipto o Túnez. Es una opinión personal. Son procesos diferentes, sociedades diferentes y daños diferentes los que han causado gobiernos y mandatarios. Aquí y ahora no se asesina, tenemos muchos derechos, estamos en otro estadio civil. No me gusta que se generalice, ni con los que protestan en #democraciareal, ni con los que no lo hacen, ni con los que contamos qué pasa. No me gusta tampoco que se generalice con la política, aunque esta vez un 80% de sus integrantes haya guardado silencio sin darse por aludidos. #Fail. Lo verdaderamente bueno, en cualquier sitio, son los matices, los colores, lo que hace que reflexionemos en un día como hoy para ir a votar mañana. Esa es la esencia de #15mani, ¿no?

P.D.: No me olvido de Internet ni de las redes sociales. He oido a muchos en #esunaopcion, sentados sobre el asfalto, decir que todo el flujo informativo se está centrando en lo virtual y que “no todo el mundo tiene facebook o twitter”. Bien, aunque creo que la Red, en general, está siendo la cazuela del cocido. Hay muchos botones de muestra. Con ella sí se llega a todas partes, con ella podemos saber con espectaculares termómetros y puzzles, qué ocurre, ahora mismo, alrededor del #22M. Es imprescindible, guste o no.

Venganza

Cuando el grajo vuela bajo, se choca contra algo y muere. Podría ser una bonita metáfora periodística, pero parece que esta vez la realidad ha superado a la ficción y los pájaros (Alfred Hitchcock habría disfrutado) se dieron de bruces contra ella. O igual asomaron sus picos a la Tierra para comprobar si, efectivamente, el tabaco se había transformado en humo. En la obra Razas, de David Mamet, uno de los protagonistas fuma varias veces sobre el escenario: entre el público, un levísimo murmullo se pregunta cómo es posible. Ni un solo reproche cuando el mismo actor se sirve dos supuestos copazos. No hay descanso, menos mal, porque más de uno se iría al baño a darle al tema, como se hacía antes. O a chivarse, ojo.

El verdadero golpe de efecto hubiera sido que la ley entrara en vigor en Nochevieja: todas las peleas se habrían concentrado el mismo día. Aquí (así) paz y después gloria. Pero no, y las noticias estos días van de cómo acatamos las normas. Me acuerdo de cuando Sinead O’Connor rompió aquella foto del papa (americano) en la televisión: igual un día de estos alguien se enciende un puro en directo y anima el recién estrenado twitter de Interior, que seguro se muere de ganas de añadir algo al #etafacts. El ministro, mientras, lucha en soledad contra sus manos para que se nos borre de la mente la imitación de Mota. Habrá que grabarse las ruedas de prensa del Consejo de Ministros.

Pero siempre que no coincidan, claro está, con retransmisiones de misas o ruidosos desfiles llenos de orgullo y niños. Tampoco son desdeñables para el repaso las comparecencias de cascos (presuntamente) no retornables, carne de fin de semana a falta de otra cosa. El regreso del nuevo azote del PP es, según algunos, fruto del protagonismo. Él aduce que Asturias no es tenida en cuenta a nivel nacional (ahí igual hasta tiene razón, pero pasa con otras y otros). Después de tanto tiempo desaparecido, no obstante, es posible que lo que ocurriera es que la alarma del iPhone no le sonara a tiempo. Misterios de la humanidad, equiparables a la subida de la luz y la pelea infantiloide entre cadenas nacionales.

La audiencia está empezando a cotizarse muy alto con la llegada de la TDT, y eso que aún no existen parrillas decentes que lo justifiquen, de ahí las autopromociones vengativas. Por si no bastaba con la contraprogramación. Hablando se entiende la gente, que diría Álex de la Iglesia, el que (uno de los pocos que) sujeta la linterna que enfoca como puede hacia el final del túnel, cuya puerta de salida se antoja de color violeta, o eso dicen desde Las Vegas. El dinero es el problema, el de siempre, el que materializa (monetiza) cualquier cosa que pensemos hacer; y eso que quedan idealistas, a este y el otro lado del océano, que nos hacen creer que es posible continuar. La próxima vez no veo Grease, lo prometo.


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