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Siga buscando

Visto lo visto, opino que en el currículum de los periodistas del futuro debería haber un apartado relativo a la posición geoestratégica. Así sería (mucho) más fácil dilucidar si uno es apto para escribir de esto o de lo otro. Según. El dato habría de estar acompañado, no obstante, de la aclaración sobre el estatus pentavocálico del individuo informante. O como vulgarmente se le conoce al don: tertuliano, ¿sí o no?. Ambos permitirían un descarte inmediato, dado el caso, y un ahorro de tiempo, dinero y tolerancia general.

Dicho esto, y habiendo terminado la semana hasta el Sortu de ciertos asuntos, llama la atención la (im)paciencia con la que asistimos al (tótum) revolútum de los países árabes, levantando tapas de yogur para saber quién será el próximo en caer: ¿Será Marruecos?… “Siga buscando”. Anticiparse a la chispa siguiente está en manos de unos pocos; y de Facebook, al parecer. A saber de qué hablarían Mark Zuckerberg y Barack Obama en la wikicena, qué secretos le contó el señor de los estados al hidalgo de los cables.

Suponemos que pocos, más allá de lanzarse mutuas peticiones de amistad y de confesar sendos “Me gusta” en Jo, yo sí veía OT y Aprobada la Ley Sinde, respectivamente. Al encuentro faltó Alejandro de la Iglesia -suena mucho mejor así y punto-, desaparecido de los papeles tras el (gran) discurso; debe ser porque se ha afiliado al partido internáutico ese, el que va pidiendo el ‘no voto’ y el fin de los aplausos en playback a la clase política. Los mismos que recibió de algunos el presidente de la Academia en la ceremonia de los Goya.

Una gala, digamos, holgada, como los cortos de Rumasa en televisión. Daban miedo, y aún así hacían su función. A ver si la clave de todo va a estar en la publicidad, y, concretamente, en las fotos. Por una se ha llevado Piqué el premio a CM del año, y de él debería aprender cierto primer ministro italiano con pocas cualidades para el disimulo a punto de sentarse en el banquillo (¿habrá llamado ya a Naomi Campbell?). Ser magistrado en ese proceso y escuchar de primera mano cómo se rodó el anuncio de Ikea debería puntuar doble.

Fuera de juego

Esta semana he aprendido dos palabras. Una es exangüe (no, no la conocía, estoy con dos rosarios de penitencia ahora mismo); la otra, wakarumor (he añadido un padrenuestro). Esta última, comodín evidente, podría ser la etiqueta bandera de los escépticos, aplicable en casos de obsolescencia programada o de publicación probable de datos bancarios suizos. A escoger. Podría incluirse, cómo no, cierto alto el fuego, permanente, general, indivisible e indisolvente. Las preguntas, a Quora, que para eso es la sensación de Internet.

El problema con el inglés de esta nueva red social es solucionable, a priori, por 12.000 euros: a lo mejor los señores traductores del Senado tienen tiempo libre para ponerse a ello. Muchos se lo agradecerían, aunque el tráfico de pinganillos se convertiría en el eje de la economía sumergida. La otra opción es pagar por horas a expresidentes del Gobierno, cuya pensión está (¿?) en la cuerda floja tras el debate suscitado por sus actividades extraescolares; unos hacen yudo, otros cobran de una eléctrica. Siempre hubo clases.

Daría para un buen monólogo a lo (Aníbal) Gervais, aunque no tiene pinta de que algo así vaya a suceder en nuestros Goya. El escándalo provocado en Hollywood, no obstante, tiene su parte buena, y es que ha puesto a prueba al fin a los delays y demás subterfugios censores. ¿Por qué? Porque con el invento de la tuitretransmisión nos enteramos al segundo de lo que dicen y hacen los presentadores (#Pilarrubiofacts) en las galas de turno, ya que siempre hay alguien dentro dispuesto a contarlo. Se acabó eso de que en la tele es todo mentira.

Ahora, tristemente, es la realidad la que parece de cartón piedra. Es cuando nos damos cuenta de que en Túnez había un dictador o de que en Haití siguen sufriendo. La SGAE, por su parte, pinta un bonito decorado mientras las bodas son oficiadas por actores y Series Yonkis vira hacia un nuevo estatus. En su mundo, unos falsos (pre)reyes fuman como carreteros en una tv movie. La vida es puro teatro. ¿Y la muerte? Golpeará dos veces.

El otro día, tras una desgracia familiar, me vino a la mente la siguiente imagen: cuando los periódicos mueran (tarde, que sea tarde), lo harán también las esquelas tradicionales. Y entonces, estaremos ante una redundancia sublime. Cierto, los decesos tienen su réplica online, pero se perderá el recorte del papel para colocarlo en la plaza del pueblo, a la entrada del mercado, etc. Claro que, cuando esto ocurra, y tal y como me sugieren algunos, los ancianos irán ya provistos de sus nano ipads del futuro. Y nos pillarán a todos en Orsai.

P.D.: No tacho, que queda feo, pero añado una corrección que atañe a los traductores. Como bien he aprendido hoy, los del Senado lo son -la carrera es Traducción e Interpretación-, pero allí ejercen como intérpretes.


twitter / MirenM

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