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Dale al interruptor

Enciendo la luz y lo único que veo es impaciencia. “No mire el reloj”, le dice Francino a Rajoy en esa entrevista coral (¿de trabajo?), concertada hace meses con tino inmejorable. ¿Sabía acaso el dirigente popular lo de Mordor y la ONU? ¿O es que aún no había visto el (re)estreno de Iñaki Gabilondo en Internet? Probablemente tenía que irse a diseñar una estrategia tras los últimos acontecimientos, que como agua de abril llegaron un sábado:

Un plano corto de señal institucional, sin posibilidad de alternancia con rostros amigos (o no). Quejas de las teles. Una (mega)publicación a lo Assange. Un futuro con morbo doble en el que nada hay cerrado. Un anuncio frío, con reacciones a las que les costó arrancar durante una mañana entre el ‘ya lo sabía’ y el ‘¿esto es todo?’. Hashtags, muchos: #cfpsoe, #zapatero, #eleccionesya, #nolesvotes. Hacía tiempo que no teníamos un fin de semana tan concurrido aunque, salvo el cumpleañero, nadie dijo gran cosa. Los medios, sacando los congelados para comidas con invitados (in)esperados, anticiparon más que analizan ahora.

Vale, ¿y entonces? Me acuerdo de cuando el presentador del telediario (de La 1, creo) decía el fin de semana tras dar las noticias (Cantero, apostaría): “Pasen la tarde lo mejor que puedan”. A riesgo de fomentar el negro pronóstico y el pesimismo español, habría que recuperar la fórmula. Yo, tú y él (los periodistas, al parecer, somos narcisistas) nos curaríamos en salud ante la tromba ingente de desastres. Hace no pocos días, Liz, Contador, Sortu, Portugal y el canon nos ponían a prueba; por estadística, lo siguiente será algo sobre la realeza. Ojo. Sin el imprevisto no somos nada, que cantaría Rubalcaba.

Y aun sí parece que lo de su postulado se rumia con nocturnidad. Yo reitero mis dudas soberanas y apuesto por otro pal@ de la baraja con dominio libre. El anuncio, sin rumores ni gaitas, podría salir de una red social, que parece que se llevan cada vez mejor con la política y sus practicantes y/o creyentes. Y con todos, en general. Las primarias del hipervínculo se llamarían. Todo en condicional, primo del gerundio que nos saca de la realidad; con este tiempo verbal haría yo una portada, del tirón: “Ganando las elecciones”; “Bombardeando a Gadafi”. No queda tan mal si lo pensamos bien, aunque si no nos atrevemos los de siempre pueden recoger la idea los señores pensantes de Google para su recién estrenada revista.

Sólo una condición: obligatorio incluir, en un lateral, los tuits al director. Nuevos (¿buenos?) tiempos para la lírica, en los que aún existen inconscientes capaces de imprimir papel -suerte-, en los que el nombre de Belén Esteban aparece en The Guardian. No me extraña la impaciencia. Los planetas, además, se han alineado y van a hacer coincidir en la cartelera a Inside Job y el documental sobre Justin Bieber. Creo que voy a apagar la luz.

Petit Point

Por obra y gracia de los señores de la ortografía tendré que estar unida a mi exmarido para siempre jamás. No es justo, aquello que escribíamos bien nos lo cambian; lo que nos provoca duda constante, es intocable. Les gusta vernos titubear. Los imagino leyendo desde la nave nodriza, sentados y con sus iPads del futuro en las rodillas (nuestros) textos equivocados, maquinando: este, ese, el de más allá. No saben lo que han hecho: eta=y=ye. Ahí lo dejo.

Podría tratarse, por qué no, de un globo sonda. Como lo de Rajoy y la Ley de matrimonios homosexuales. Como lo de la homeopatía. Acabaremos viviendo de tanteos más que de hechos ciertos, y eso nos hará virtuales del todo y nos librará de culpa. No importa si matamos a alguien por error o criticamos con saña (y razón) a la familia real de pega. Las palabras se las lleva el Tweetdeck, que ahora va a toda pastilla. Papel, para qué te queremos.

Pues para nada, según Negroponte (gorro en cabeza). Augura el experto la desaparición del gremio impreso en 2015, así como la del colectivo microbloguero, cuando sea. Decidido: hay que preguntar a una tal Belén Menéndez, así, con el apellido materno, o al visionario de pro Alcaraz, que va y se concentra contra las “treguas trampa” el mismo fin de semana de los EMA, la llegada de la Copa del Mundo a Andalucía y la visita papal. Eso es estrategia.

En vez de ir a lo grande debería dedicarse al petit point. Micropolítica, por ejemplo, que es lo que practicará el candidato Lissavetzky si llega a ser alcalde de la capital, según nos contaba a unos pocos recientemente. Golpes certeros, como los republicanos en las vigas demócratas. Con Obama contra las cuerdas ya no sabemos si el mundo cambió algo en estos 22 meses o ha sido un espejismo urdido por Darwin, Mendel y demás herejes titulados. Salud y libertad.

Se admiten apuestas

Leyendo al santo gurú de las desgracias acabo entendiendo, al fin, de qué va la vaina: “Mal va España, pero irá a peor”. (Un minuto de silencio). Menos mal, porque lo de escuchar la palabra “decepción” con ese dolby surround desde que un@s anunciaron que podría comenzar el principio del fin me ha vuelto loca. Transitoriamente, sin verificación vecinal. Casi tanto como las encuestas de los medios trigitales al minuto exacto del amago de declaración formal: ¿El alto el fuego será definitivo? ¿Lo será? ¿Está usted seguro? Mire que igual…

Ya me imagino las apuestas en las maquinitas de bar, junto al tema Primarias -con ‘p’ de prioritario; si es que los de Google son unos visionarios-, al de la paz en Oriente Próximo (vía @BarackObama) o al de si el cubano de marras sobrevivirá a un sexto rayo. Es para pensarse lo de apostar en serio, porque aquellos que creemos que podría salir bien igual hasta nos forramos con el asunto (y no seríamos los primeros, señora). Yo sí que estuve en Hernani, como las fotografías ilustrativas de algunos diarios nacionales, comentando la jugada.

En la cuna del yo qué sé qué, hablando de política en los bares, como dicen que ya no se estilaba. Un día antes y uno después del vídeo patrocinado por Mercedes Benz. Casualidad, o no. Contextualizando la estrategia internacional, el globo sonda previo al movimiento. Todo se sucederá, previsiblemente, a golpe de fotomatón: dos caras que en el primer flash miran en direcciones opuestas pero que terminan, en el cuarto, cruzando presencia. Ojalá. Es duro pedirlo desde fuera, pero hay que esperar. Y, sobre todo, callar la boca a tiempo.

Eso debió pensar Rodríguez Zapatero cuando (en mi mente) se le escapó desde China un “Wok the fuck!”, en bajito, al enterarse de la movida y de las reacciones subsiguientes, por otra parte, obvias todas ellas, esperables, oficiales, incluidas las del Gobierno. No es divertido saber de antemano cómo serán las portadas obsoletas del día, aunque el morbo de leerlas a cuatro manos no nos lo quita nadie. Adicciones aparte, se torna irresistible viajar hasta 2012 y fantasear con las elecciones generales del empate técnico.

Dicen que Rajoy busca gente que le solucione la papeleta económica. Cuentan que Uralde, que va sacando la cabecita, podría colocar a su recién bautizado Equo en una digna aunque insuficiente -otro vocablo de moda- posición, más que nada, insinúan, por la poca política -de esa, de la buena- en su programa. ¿Sabemos algo de UPyD? ¿Y de IU? Aún falta mucho, pero no queda nada. Todos se preparan para no, again, decepcionar, como el SEO de Zara, como Ping, porque todos estamos a la que salta. ¡Aquarius con alcohol ya! (que no se diga).

(Thanks to @Nuksazi y @jonlaiseca)

#hombreya

Hay un hashtag (etiqueta, para las personas normales) en Twitter que podría resumir sin pestañear el estado de la cuestión de una sociedad cualquiera. De una manera sencilla, con una segura comprensión. Como aquella letra que rezaba “Jonathan, no te metas pa lo jondo”; gran radiografía de las playas españolas. Se trata de #hombreya, hermana gemela del vulgar “yastabien”. Es un recipiente masivo de quejas, pullas, preguntas al aire y demostraciones de fuerza en la Red que acumula decenas y decenas de apuntes cibernéticos.

Es una expresión que, de hecho, no estaría mal incorporar en ciertos ámbitos. Imaginen un discurso en un mitin político (pena de Rodiezmo), tan dados a absorber -como la RAE misma- palabros de la masa al tuntún, léanse “ni El Tato” o “Vale, a lo mejor me lo merezco”, con la terminación mentada. O en El Debate (ejem). Zapatero: “Hay que tener desfachatez para decir que no echemos leña al fuego cuando ustedes hicieron una campaña diciendo que se rompía España, #hombreya”. Rajoy: “Engañó a los españoles cuando dijo que el Estatuto estaba limpio como una patena. Le pido que no juegue más con la gente, #hombreya”.

¿Y en los telediarios o en los medios digitales? Prueben. “Aznar asegura en la Cámara de los Comunes de Londres que es vital interrumpir el proceso de erosión de los derechos de Israel. #hombreya”; “Los trabajadores de Metro de Madrid ponen fin a la huelga tras ratificar el acuerdo. #hombreya”. “Barrionuevo, sorprendido de que desde el PSOE se proteja y se jalee a Garzón. #hombreya”. Podría dar para unos cuantos cursos de ética periodística, de esos que el señor Juanjo de la Iglesia impartía tan bien. El problema sería el abuso.

Aquí tenemos la manía de exprimir lo interesante hasta convertirlo en mediocre. Ya se sabe, ¿para qué cambiar lo que funciona? Y si lo podemos disfrazar para darle salida un millón de veces más, mejor. Los temas recurrentes, a riesgo de saturar, funcionan. Por eso ayer lunes -y viendo alguna portada inminente (PDF), se entiende-, asistimos a extraordinarias últimas horas sobre asuntos privados. Por eso los community managers salvarán el mundo cuando todos nos convirtamos en refugiados climáticos (figura que recogerá la ONU en breve, si esto sigue así). Por eso ya hay un tétrico programa sobre los flashmobs, evolución del karaoke. Yupi.

(Gracias, @Jonlaiseca)

Hay un hashtag (etiqueta, para las personas normales) en Twitter que podría resumir sin

pestañear el estado de la cuestión de una sociedad cualquiera. De una manera sencilla, con

una segura comprensión. Como aquella letra que rezaba “Jonathan, no te metas pa lo jondo”,

gran radiografía de las playas españolas. Se trata de #hombreya, hermana gemela del vulgar

“yastabien”. Es un recipiente masivo de quejas, puyas, preguntas al aire y demostraciones

de fuerza en la Red que acumula decenas y decenas de apuntes cibernéticos.

Es una expresión que, de hecho, no estaría mal incorporar en ciertos ámbitos. Imaginen un

discurso en un mitin político (pena de Rodiezmo), tan dados a absorber -como la RAE misma-

palabros de la masa al tuntún, léanse “ni El Tato” o “Vale, a lo mejor me lo merezco”, con

la terminación mentada. O en El Debate (ejem). Zapatero: “Hay que tener desfachatez para

decir que no echemos leña al fuego cuando ustedes hicieron una campaña diciendo que se

rompía España, #hombreya”. Rajoy: “Engañó a los españoles cuando dijo que el Estatuto

estaba limpio como una patena. Le pido que no juegue más con la gente, #hombreya”.

¿Y en los telediarios o en los medios digitales? Prueben. “Aznar asegura en la Cámara de

los Comunes de Londres que es vital interrumpir el proceso de erosión de los derechos de

Israel. #hombreya”; “Los trabajadores de Metro de Madrid ponen fin a la huelga tras

ratificar el acuerdo. #hombreya”.”Barrionuevo, sorprendido de que desde el PSOE se proteja

y se jalee a Garzón. #hombreya”. Podría dar para unos cuantos cursos de ética periodística,

de esos que el señor Juanjo de la Iglesia impartía tan bien. El problema sería el abuso.

Aquí tenemos la manía de exprimir lo interesante hasta convertirlo en mediocre. Ya se sabe,

¿para qué cambiar lo que funciona? Y si lo podemos disfrazar para darle salida un millón de

veces más, mejor. Los temas recurrentes a riesgo de saturar, funcionan. Por eso ayer lunes

-y viendo alguna portada inminente, se entiende-, asistimos a extraordinarias últimas horas

sobre asuntos privados. Por eso los community managers salvarán el mundo cuando todos nos

convirtamos en refugiados climáticos (figura que recogerá la ONU en breve, si esto sigue

así). Por eso ya hay un tétrico programa sobre los flashmobs, evolución del karaoke. Yupi.Hay un hashtag (etiqueta, para las personas normales) en Twitter que podría resumir sin pestañear el estado de la cuestión de una sociedad cualquiera. De una manera sencilla, con una segura comprensión. Como aquella letra que rezaba “Jonathan, no te metas pa lo jondo”, gran radiografía de las playas españolas. Se trata de #hombreya, hermana gemela del vulgar “yastabien”. Es un recipiente masivo de quejas, puyas, preguntas al aire y demostraciones de fuerza en la Red que acumula decenas y decenas de apuntes cibernéticos.

Es una expresión que, de hecho, no estaría mal incorporar en ciertos ámbitos. Imaginen un discurso en un mitin político (pena de Rodiezmo), tan dados a absorber -como la RAE misma- palabros de la masa al tuntún, léanse “ni El Tato” o “Vale, a lo mejor me lo merezco”, con la terminación mentada. O en El Debate (ejem). Zapatero: “Hay que tener desfachatez para decir que no echemos leña al fuego cuando ustedes hicieron una campaña diciendo que se rompía España, #hombreya”. Rajoy: “Engañó a los españoles cuando dijo que el Estatuto estaba limpio como una patena. Le pido que no juegue más con la gente, #hombreya”.

¿Y en los telediarios o en los medios digitales? Prueben. “Aznar asegura en la Cámara de los Comunes de Londres que es vital interrumpir el proceso de erosión de los derechos de Israel. #hombreya”; “Los trabajadores de Metro de Madrid ponen fin a la huelga tras ratificar el acuerdo. #hombreya”.”Barrionuevo, sorprendido de que desde el PSOE se proteja y se jalee a Garzón. #hombreya”. Podría dar para unos cuantos cursos de ética periodística, de esos que el señor Juanjo de la Iglesia impartía tan bien. El problema sería el abuso.

Aquí tenemos la manía de exprimir lo interesante hasta convertirlo en mediocre. Ya se sabe, ¿para qué cambiar lo que funciona? Y si lo podemos disfrazar para darle salida un millón de veces más, mejor. Los temas recurrentes a riesgo de saturar, funcionan. Por eso ayer lunes -y viendo alguna portada inminente, se entiende-, asistimos a extraordinarias últimas horas sobre asuntos privados. Por eso los community managers salvarán el mundo cuando todos nos convirtamos en refugiados climáticos (figura que recogerá la ONU en breve, si esto sigue así). Por eso ya hay un tétrico programa sobre los flashmobs, evolución del karaoke. Yupi.


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