Posts Tagged 'Sara Carbonero'

Efectos secundarios

“Vamos, Dios del fútbol, prémianos…”. Frases como esta plagaban bocas y mentes a lo largo y ancho del territorio patrio. Señoras de rojo con fajines amarillos -verídidico- y niños imaginando ser Villa o Puyol vagaban por las calles esperando la señal divina. Esa que un pulpo mediático, digno de un promoted, se atrevió a pronosticar para nuestro regocijo; el de los periodistas, digo. Los nervios y la falta de noticias hicieron el resto en días previos, y seguramente así ocurrirá en días venideros. Esto no es nuevo, aunque esta vez hemos contribuido como nunca al cuelgue nacional, metadona en vena sin efectos secundarios.

Quedará para la historia, eso sí, una Selección solvente y segura, con poder para contentar al forofo, para sacarle una media sonrisa al indiferente. Habrá que comprobar los datos de audiencia: se augura un gol de Telecinco, al que ayudaron la prórroga y las lágrimas de Casillas; y quizá un corner general para Cuatro, que se esforzó de lo lindo para competir. En cualquier caso, la finalísima no podía ser fácil, no era justo, ni para el público lejano, ni para el presente, ni para el patrocinador, ni para el señor árbitro, saco de golpes inevitable. Ni siquiera para los naranjas, pasados de rosca hasta el último minuto.

Sufrir mola mucho más. Otros lo hacemos pensando en la pasta que se ha movido alrededor del Jabulani. Los tres primeros spots post encuentro fueron de cerveza, zumo y telefonía: a la altura del betún habrá quedado Nochevieja, suponemos. Vaticinan otros que esto reactivará nuestro turismo, entendemos que no de holandeses o alemanes, ¿o sí? En cuanto a la cuestión fundamental, el stock de vuvuzelas -trompetas de toda la vida, vamos- en las casas acabará siendo un problema a largo plazo, mental y ecológico. “Son un ejemplo para la sociedad”, se oía en televisión. De acuerdo, aunque ésta sólo reaccione al son de un silbato, añado.

Pasado el terremoto del Mundial por Sudáfrica volveremos a hablar muy poco de ese país y de  su continente. Ahora todos nos vamos de vacaciones con un peso menos y ganas de continuar la juerga que los jefes nos toleran. El deporte es así. Antes, todos comentaremos con el café la paz interior de la madre de Iker, el beso de película, la locuacidad de Letizia y la venganza de J.J. a las “gilipolleces” The Times. Efectos colaterales de un hito al que contribuyeron “Iniesta de mi vida” -Camacho dixit– y Paco González, que comienza mudanza. El espejismo de la unidad porencimadetodo empieza a diluirse y todos volveremos a nuestro ser. Por favor.

P.D.: Este post se ha escrito teniendo en cuenta que, en principio, todo lo ocurrido es real y no ficción. Imaginemos por un momento que un día descubrimos que lo que nos cuentan la pequeña pantalla, facebook, twitter y la radio son una invención ideada por un tipo muy parecido a Ed Harris. Incluido el “te quiero un montón” de J.J. a Paco González. Reflexionemos.

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La metáfora escondida

La ironía es una especie en extinción. La obviedad la está fagocitando; es la evolución natural: que le pregunten a los políticos. Mis dos abuelas se teñían el pelo hasta que la enfermedad y la desidia decidieran por sí mismas que un buen día permaneciera blanco para siempre. Así está el panorama nuestro, desteñido.

Con incomprensibles (a estas alturas de la película) patinazos como los de Duran i Lleida, imágenes evitables como la de Zapatero en la jaima de Gadafi (lo de siempre) y luchas encarnizadas (y electoralistas) contra el burka por parte del PP catalán. Demasiada información y más bien poco contenido.

De torpezas está lleno el mundo. Poco antes de la impresionante tormenta que crujía Madrid este jueves, el avión en el que viajaba iniciaba y terminaba su trayecto con la música de Lo que el viento se llevó. Poco alentador. Lo mismo que el recreo en la tragedia o la caída del guindo con los temas fiscales. Creo que me abriré una cuenta en Suiza, a ver qué pasa.

La paradoja, que es muy amiga de la ironía, se deja ver de vez en cuando con ella de la mano, como si tuvieran algo más. Y últimamente frecuentan la televisión, aunque parezca difícil de creer. Dos (enormes) estampas a este respecto encontradas por casualidad en el último premio Ondas: Karmele Marchante vacía un cubo de basura en el suelo del plató de Sálvame; una cuñada y colaboradora del mismo espacio pregunta seria al aire: “¿Es que Pedro J. no lee El Mundo?”. Creo que la metáfora andaba por allí, pero no está confirmado.

P.D.: Dos apuntes de deportes. Uno, sobre Sara Carbonero. Escueto. Las críticas son injustas y malvadas, aunque no era difícil prescindir de cierta imagen lamentable de portada por parte de la cadena en cuestión. De hecho, era muy fácil. Urbaneja, as usual, llega tarde a la hora de hablar de malas prácticas periodísticas (en general). Dos, sobre algo que acabo de escuchar. De la Morena diciéndole a Raquel del Rosario que “ha mejorado mucho” musicalmente y haciéndole preguntas sobre su marido. Hala.


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